Barrios continúan la bebentina después de la Nochebuena

Algunos bailaban en cualquier parte, produciendo la armonía de los cuerpos al compás de la música

La Nochebuena no paró las ansias festivas de muchos ciudadanos, pues ayer numerosos barrios siguieron la rumba, a expensas de baile, cerveza y aguardiente.
Así pues, la Navidad fue un festín de jaranas, espuma etílica y placer musical. La razón fue que ciudadanos del Gran Santo Domingo, incluidos menores de edad, estaban contagiados con el ambiente navideño.
En horas de la mañana, algunos siguieron “volados”, bebiendo, fumando o jugando. Todavía anoche, en vísperas de reanudarse las labores cotidianas, mucha gente se entregaba en colmadones, drinks y otros centros de diversión.
No pocos sectores se desbordaron en verbenas: Villa Juana, Villas Agrícolas, Ensanche La Fe, Villa Consuelo, Ensanche Espaillat, Los Mina, El Tamarindo.
En negocios de Capotillo y Las Cañitas, por ejemplo, el público se movía a ritmo de bachata, reguetón y ron.
Lo mismo sucedió en Los Mina, cuyo negocio “Las Tablitas” estaba repleto de personas. A su lado, el drink “Urban Style” también estaba “encendido”. Allí nadie paraba de “bajar” el codo y de moverse a pierna alegre.
La misma experiencia vivió El Tamarindo. El colmadón “Martín” dibujaba un cuadro popular: por un lado, jóvenes chupaban hookah fuera del negocio; por otro, personas de mayor edad permanecían sentadas dentro, bailando y compartiendo tragos.
Aún así, todo allí invitaba al placer: la coquetería de las mujeres, el frío de las cervezas, la tentación del licor. No faltaba algo más: el pegajoso ritmo de la música.
De “El Encuentro” se apoderó Baco: allí las botellas verdes rodaban a sus anchas, mientras personas jugaban billar y movían sus caderas, al compás de la bachata. No solo danzaban bajo los efectos del alcohol: también tarareaban las canciones de amargue.
A las ansias festivas se unieron otras: las lúdicas. En efecto, muchos jugaban cartas, dominó y billar. A esos juegos se unía otra actividad: la hookah. Muchos lanzaban bocanadas de humo y lo hacían con disfrute.
Si las grandes tiendas estuvieron cerradas, los pequeños negocios permanecieron abiertos: colmados, cafeterías, salones, comedores, repuestos de vehículos, gomeros. Además, los vendedores ambulantes pululaban y ofrecían artículos navideños: manzanas, uvas y golosinas.
En algunos lugares fueron nulas las actividades comerciales y laborales. La muestra fueron calles vacías y avenidas desiertas. En tanto, personas hacían largas filas, en espera de una suculenta empanada. Otras disfrutaban en las calles, a cielo abierto.
Era notoria la presencia de patrullas policiales, tanto motorizadas como vehiculares. Las unidades de los Toppos y los Swat se movilizaban por barrios del Gran Santo Domingo, vigilando los centros de diversión. En tanto, los agentes detenían y requisaban vehículos y motocicletas.


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