Basura, autoridades y educación cívica

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Tenemos muchos problemas, algunos de los cuales se destacan a través de los medios de comunicación cuando se presentan fenómenos atmosféricos. Uno de esos problemas es el de la basura, que aunque es permanente, en muchas zonas se puso de manifiesto en estas últimas semanas producto de los fuerte aguaceros caídos en diferentes partes del país, incluyendo la capital.
La basura, como muchas otras cosas, es una responsabilidad compartida. Le compete al gobierno a través de muchos de sus organismos, como a las autoridades municipales. Sin embargo, tanto el gobierno como los ayuntamientos, sobre todo, cuando se producen escándalos, hacen esfuerzos por corregirlos o le lavan las caras a las principales vías, pero no le dan la importancia que se merece, ni se preocupan por lo tal vez más importante, que es la educación cívica.
El gobierno y las autoridades municipales deberían implementar de manera permanente campañas de concienciación de la ciudadanía en general. Niños, jóvenes y mayores. Motivar a la gente. Crear conciencia cívica. Utilizar parte del dinero que se invierte, en la educación. Tal y como lo han hecho otras naciones incluso con menos disponibilidades que nosotros.
Pero que esa campaña no sea politizada o partidarizada. Porque el problema de la basura y la contaminación no tienen preferencias o banderías. Es un problema general que debe ser atacado por todos los frentes. Pero convocando y motivando a los ciudadanos a tomar conciencia de que la limpieza y la utilización correcta de los desperdicios o desechos, no solo debe ser considerado un deber ciudadano, sino que le favorece a ellos mismos.
El problema a veces se pretende simplificar echándole la culpa a algunos sectores, incluyendo a quienes producen determinados materiales. Sin embargo, se obvian, por razones probablemente entendibles, otras causas mucho más determinantes.
La basura, que para una parte importante de la población es un problema, para otros es un negocio. Pero el gobierno y los ayuntamientos tienen el deber de darle atención permanente y buscarle soluciones permanentes. Y una de las vías más económicas y además estimulante, desde todos los puntos de vista, es la implementación de políticas educativas.
Campañas permanentes que sean capaces de hacerle entender a la gente, no importa si es partidaria del gobierno, de algún partido de oposición o ciudadanos totalmente ajenos al tema político, que la basura nos compete a todos. Campaña educativa capaz de penetrar, no solo en los dominicanos, sino en los inmigrantes, muchos de los cuales no tienen, lamentablemente, ninguna noción de lo que significa ese problema.
El gobierno y los ayuntamientos, coordinando acciones bien programadas y diseñadas por conocedores de la materia, tienen que abocarse lo antes posible a una campaña de motivación y creación de conciencia cívica. En la cual deben participar además, la Liga Municipal, la Secretaría de Educación, Obras Públicas, Salud Pública, y otros organismos del Estado.
Porque sabemos que cíclicamente tenemos aguaceros. Que la gente consume productos, que mal utilizados, pueden tapar filtrantes o ser arrastrados por los ríos. No esperemos a que otros aguaceros denuncien nuestras deficiencias.


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