Beneficios y riesgos de la automedicación

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La automedicación responsable, con medicamentos que se pueden adquirir sin receta, puede ser conveniente si se emplea para el tratamiento de síntomas menores, como dolor o acidez de estómago, y durante un tiempo limitado. Un ejemplo de fármacos de este tipo son los analgésicos y antinflamatorios no esteroideos (AINE), que se suelen utilizar para aliviar multitud de molestias y pequeños problemas de salud que se presentan de forma habitual, desde la propia autonomía de un individuo bien informado en el uso seguro de medicamentos.
Sin embargo, si el paciente no está informado adecuadamente sobre estos medicamentos, pueden ocurrir de forma frecuente errores asociados, como alergia, intoxicación, infecciones e incluso la muerte. En niños, embarazadas y adultos, por su situación especial, suelen darse los problemas más graves, por eso es totalmente desaconsejable la automedicación en estas etapas de la vida.
Existe un consumo masivo de analgésicos en la población en todos los grupos de edad y para diversas patologías, sobre todo paracetamol, ácido acetilsalicílico, metamizol y clonixinato de lisina. Uno de los efectos adversos más habituales es la nefritis intersticial, atribuyendo al consumo de analgésicos el 11% de todos los casos de insuficiencia renal.
Estos se emplean junto a los AINE, sobre todo en el tratamiento del dolor, siendo ésta la primera causa de automedicación.

El grupo de antiinflamatorios no esteroideos (AINE), se emplea alternado con los analgésicos. Su efecto adverso principal es la hemorragia digestiva alta. En el caso de las cefaleas, en muchas ocasiones no se acierta en la valoración clínica y terapéutica y el medicamento no consigue controlar el dolor, por lo que los pacientes tienden a probar diferentes opciones, distintas a la de la prescripción médica y en dosis incorrectas.


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