Bernardo Vega: una vida extraordinaria

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Este 23 de febrero cumple 75 años de una existencia intensa, productiva, útil, repleta de experiencias tan dispares como las de ser historiador, economista, arqueólogo, buzo, nadador, encuestador, funcionario, diplomático, escritor, ejecutivo de medios de comunicación, fotógrafo, periodista, editor, con un número de libros que sobrepasa el medio centenar, algunos laureados y la mitad agotados.

Vino a la República después de una de las  estancias en el extranjero que imponían las posiciones de su padre, como uno de los primeros economistas graduado en universidad. Milton Messina, que le precedía, salió del país justo cuando él llegaba por lo que se convirtió en el único y más demandado. Sigue siendo consultado por gobernantes, empresarios, y cada mes se reúne con  colegas del ramo para retroalimentarse.

Es la única tertulia de la que participa, las rehúye a pesar de sus demás especialidades y facetas porque le roban tiempo a sus trabajos.

 Era director de El Caribe cuando por un editorial el presidente Hipólito Mejía le llamó estúpido y él le respondió al día siguiente haciendo referencia a la novela de Fedor  Dostoievski de ese nombre. “Ese es el tipo de presión que uno recibe”, comenta el que ahora es co-propietario de la revista “La Lupa sin Trabas”, porque el periodismo le apasiona. Cuando escribía en el Listín Diario se rumoró que los Pellerano, sus antiguos dueños, le tenían como sucesor a la muerte de uno de sus directores, pero cuando este falleció,  el matutino estaba en otras manos.

 Esta inclinación por la comunicación  le nació en el colegio “De La Salle” cuando sustituyó a José Luis Corripio en la dirección del periódico “Mi Estrella”, del centro de estudios. El reconocido hombre de negocios fue el primero.

Bernardo Vega Boyrie es el encuestador al que atribuyen llevar candidatos hasta el Palacio Nacional como jefes de Estado o impedir su ascenso, lo que contradice. Se explaya hablando sobre esta labor de la cual le toca tal vez la primacía.

 Se estrenó  con Salvador Jorge Blanco, un aspirante con el que se empleó a fondo para refutar  conceptos e imagen que le restaban votos. Los sondeos para el aspirante por el PRD le costaron su salida de la Junta Monetaria. Con el triunfo del político, vino también su separación del cargo de director del Museo del Hombre Dominicano en el que había sustituido a José Antonio Caro. Su gestión al frente de esta institución representó el periodo de mayor investigación, publicaciones científicas, divulgación del folclore, exhibiciones arqueológicas,  incorporación de profesionales del área.

 Jorge Blanco lo designó gobernador del Banco Central en el que, según cuenta, encontró situaciones muy difíciles. De esa gestión se han hecho acusaciones que refuta y explica. Refiere sistemas que debió introducir, modificar, procedimientos que tuvo que desmantelar.

Entrevistarlo en dos largas sesiones representó conocer historias desconocidas de una figura vinculada a todos los procesos políticos y sociales dominicanos, desde la caída del trujillato, relacionado con las personalidades más influyentes del país, del mundo, con los que exhibe inmensidad de fotos en los espaciosos  ambientes de su exquisito penthouse al que también adornan caretas, santos de palo, piezas taínas, obras pictóricas. Los libros están presentes en  salones en los que se destacan, contrastantes, las orquídeas.

El cumpleañero estuvo abierto a todas las preguntas, incluidas las que no le son favorables, como el trujillismo de su padre, el notable intelectual Julio Vega Batlle, cuya obra literaria quedó trunca por haberse entregado a servir al régimen después de ocho años de oposición silente. Virgilio Díaz Ordóñez le convenció  integrarse al sistema en el que cayó varias veces en desgracia, la última, en 1960 cuando su hijo Wenceslao se incorporó al Movimiento Revolucionario 14 de Junio, por lo que estuvo preso y fue torturado.

El trujillismo, su padre, sus hermanos, son un capítulo, como es otro el haber sido el primer historiador que investiga los archivos del Palacio Nacional, que muchos consideran un privilegio, imputándole haberse llevado documentos. Para él, es “pecado mortal” saquear un patrimonio que es del pueblo, del mundo, por eso, junto con la documentación que ha traído desde Washington, Londres y otras fuentes, lo puso en Internet a disposición de todos a través de Funglode y del Archivo General de la Nación.

 Lo consideran presidenciable. En 1998 fue perfilado como tal “por sus carismas y habilidades”. Él no quiere serlo ni  de la Academia Dominicana de la Historia, de la que es miembro. No se ha postulado porque la posición conlleva mucho tiempo.

Algunos lo juzgan antipático, quizá por su parquedad y rostro adusto. Cuando fue gobernador del Banco Central le llamaban “El llanero solitario”, por su aislamiento. Por primera vez se le vio sonreír con ganas respondiendo estas apreciaciones. Es tímido, confiesa. Y su respuesta a lo del “Llanero” es tan extendida como la lista de sus libros.

 Estuvo relacionado con Leonel Fernández desde 1994 cuando el futuro presidente fue a escuchar una conferencia que Vega dictaba en las Ruinas de San Francisco. Lo estuvo asesorando en el proceso electoral de 1996 y en la segunda vuelta. “Su presidencia de 1996 fue mucho mejor que su última”, declara sin abundar detalles. Refiere la experiencia de haber servido al país en su Gobierno.

 Asesoró también a otros candidatos, como Bosch, en 1962, y  Antonio Guzmán junto a Manuel José Cabral, José Luis Alemán y otros economistas. Fue parte de los ideólogos de la creación del Banco Popular y embajador en Washington en una época en que le ayudó bastante su condición de soltero. “Conocí a damas con mucha influencia que necesitaban acompañante”, confiesa, por lo que era común verlo en el balcón presidencial del “Kennedy Center”, en temporada de ópera, con tres miembros del gabinete presidencial norteamericano. De esa posición relata conquistas apreciables para el Gobierno que representaba, como lo hizo con Jorge Blanco y otros moradores de la Casa Blanca.

Ha casado dos veces, es padre de tres hijas, es controversial, pero respetuoso. Dice lo que piensa y no niega que fue trujillista. Tuvo que hacer el Servicio Militar Obligatorio e inscribirse en el Partido Dominicano. Devino en desafecto cuando leyó “1984”, de George Orwell y un ejemplar del libro de Galíndez. “Me di cuenta de que vivíamos en una dictadura terrible”.

Son muchos los matices de su vida. De cada uno habló con amplitud, desenfadado, franco, espontáneo. Después se regaló de cumpleaños cinco días nadando con las ballenas en el “Banco de la Plata”.