Boticas populares: ¿solución o riesgo?

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Las boticas populares o “farmacias del pueblo” están diseminadas por toda la geografía nacional, son centros de expendio de medicamentos esenciales, dirigidos a los sectores más deprimidos económicamente de nuestro país.

Estos establecimientos son gerenciados por el Programa de Medicamentos Esenciales (PROMESE), creado mediante decreto presidencial en el año 1984, como respuesta a los altos costos de los medicamentos, sobre todo para las personas de bajos ingresos.

En sus inicios esta institución estatal se encargaba de servir y atender los requerimientos de los medicamentos de uso común (esenciales), a los hospitales públicos, subcentros, clínicas rurales, boticas populares, hospitales militares y también a los hospitales del IDSS (Instituto Dominicano de Seguros Sociales).

En la actualidad, esa función de abastecer medicamentos incluye otros insumos sanitarios, como reactivos de laboratorio y otros, e incluye ahora a todas las instituciones de salud que se encuentran bajo la responsabilidad del Estado dominicano en el sistema público nacional de salud. Por eso hoy se denomina PROMESE/CAL, al convertirse en una central de apoyo logístico.

En cuanto a la calidad de los medicamentos e insumos que se manejan es esta institución, no podemos precisar su nivel, por no tener elementos de juicio probatorios de ello. Pero, al hacer un análisis simple de la función social que desempeña esta entidad estatal, con su red de “farmacias del pueblo” es valorada como encomiable, relevante y  efectiva, pues, ciertamente llegan a bajo costo los medicamentos a la población más pobre de la nación, pero lo mismo no podemos afirmar en cuanto a las reglamentaciones internas en lo referente al despacho de medicinas a los usuarios, puesto que, en la práctica no existe restricción para adquirir cualquier clase de medicamento ni se requiere indicación médica, no importa la cantidad.

 Este descontrol en la obtención de medicamentos, por demás a bajo costo, unido a los deficientes niveles de formación e instrucción sobre educación en salud, de un amplio segmento de la población y teniendo en cuenta la cultura dominicana de todos creerse médicos para hacer diagnóstico y prescribir tratamientos, ha producido un aumento de la automedicación en la población.

La automedicación es la utilización de medicamentos por iniciativa propia sin ninguna intervención por parte del médico (ni en el diagnóstico de la enfermedad, ni en la prescripción o supervisión del tratamiento).

La automedicación responsable puede ser conveniente si se utiliza para tratar síntomas menores como por ejemplo el dolor, la fiebre, la acidez de estómago, el resfriado, etc. durante un tiempo limitado. De hecho existen medicamentos que no necesitan receta médica para comprarlos en la farmacia. Aun así, que un medicamento no requiera receta para su dispensación no quiere decir que sea inocuo y no pueda resultar perjudicial en determinadas situaciones. Por este motivo, delante de cualquier duda debe consultar con el médico.

Existen medicamentos que utilizados inadecuadamente se convierten en armas de doble filo, pues lejos de resolver un problema o trastorno de salud pueden agravarlo e incluso provocarle daños irreversibles como podría ser la muerte.

La automedicación sin control médico o farmacéutico puede ocasionar una serie de riesgos para la salud que en muchos casos son desconocidos por los ciudadanos.

Entre los efectos de la automedicación, podemos mencionar: Toxicidad, efectos secundarios, reacciones adversas y en algún caso intoxicación, Falta de efectividad porque se utilizan en situaciones en las que no están indicados.

 Es muy frecuente el uso de antibióticos para tratar procesos víricos que no son efectivos, también se puede producir dependencia o adicción, enmascaramiento de procesos clínicos graves.

Es preciso que las autoridades revisen el funcionamiento de estos centros de expediente de medicamentos y apliquen los correctivos de lugar, para que esta institución cumpla efectivamente su rol, pero sin riesgos.