Brasil y el futuro que le ha llegado

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El laureado escritor austriaco de origen judío Stefan Zweig se refugió en Brasil huyendo del nazismo y deslumbrado por ese país, escribió en 1941 un libro, “Brasil tierra del futuro” , donde planteaba que la sociedad brasileña, construida sobre la base de una diversidad étnica, cultural, religiosa y de clases que convivían en paz, era la sociedad del futuro.
El brillante sociólogo italiano Domenico de Masi escribió en el 2013 un libro donde examina 15 modelos de sociedades a lo largo de la historia, cuyo capítulo final tiene el sugerente título: “El futuro ha llegado: El modelo brasileño”. Sin embargo, con el reciente triunfo electoral del nazi/fascista Bolsonaro ese futuro soñado se ha trastocado en pesadilla, motivando una profunda reflexión sobre las razones de ese y otros triunfos electorales del movimiento ultraderechista y ultranacionalista internacional.
La victoria electoral en primera vuelta de ese siniestro personaje, el más abiertamente provocador, xenófobo, racista, homofóbico y elitista de todos esos líderes de semejante catadura, independientemente de los resultados de la validación a que será sometida en la segunda vuelta, constituye uno de esos hechos que ponen en evidencia la levedad de las predicciones en ciencias sociales y cómo determinados modelos de sociedad han devenido todo lo contrario de cuanto se proyectaban de cara al futuro. Constituye también un serio llamado a una profunda reflexión sobre la complejidad de la política y a la necesidad de entender que las actitudes, posiciones, y del discurso excluyente e intolerante frente al percibido como diferente conducen a formas de poder basadas en incertidumbre y/o a la violencia.
Es curioso que siendo Brasil un país de contrastes extremos haya sido tomado como modelo de sociedad por pensadores del calado como los arriba citados. En su libro de casi 900 páginas que pueden ser leídas de un tirón, De Masi da el dato de que la tasa de homicidios de ese país es de 37 por cada 100,000 habitantes, tres veces la media mundial, de los 20 millones de ricos que tiene 18 son blancos, de los 20 millones de pobres 15 son negros, en 10 años han asesinado a 45 mil mujeres, de su 9% de analfabetos el 27% son negros, pero ocupa el segundo lugar de usuarios de Facebook, cuarto de abonados a internet del mundo. Esos contrastes, esas taras de desigualdades siempre han estado presentes en la sociedad brasileña.
Lula y el PT redujeron la pobreza y mitigaron algunas de esas desigualdades, pero no supieron evitar la extrema corrupción. Esa circunstancia, unida a la pervivencia de los elementos esenciales de las taras arriba referidas, a la insistencia de muchos en el discurso reduccionista, de medias y falsas verdades de que “todos los políticos son iguales”, se constituyeron en caldo de cultivo para la aparición de bestias como Bolsonaro, los Trump, los Salvini etc. Los discursos de la antipolítica y antipolíticos y la incapacidad de las fuerzas progresistas, desde el poder o fuera de este, de dar respuestas a problemas fundamentales de sus sociedades, son factores que contribuyen al auge de la ultraderecha ultranacionalista.
El Brasil, por el momento, sólo votando por el candidato del PT se podrá detener la bestia.