Brazo judicial de corto alcance

Si alarmante resulta -al criterio de la directora de la Defensoría Pública- el alto número de personas sometidas a prisión preventiva, también lo sería que se cuenten por miles aquellas que reclamadas judicialmente por serios motivos no acuden nunca ante las autoridades frustrando procesos que salden sus deudas con la sociedad. Para la licenciada Laura Hernández, el envío constante a prisión en vez de recurrirse a otras medidas de coerción leves expresa disfuncionalidad del Sistema Penal. Aquí viene a otro despropósito: encerrar gente en cárceles que algunos jueces con sus fallos parecen clasificar en “suaves, duras y horrorosas” en función de que el prevenido huela a “infeliz, algo sospechosos o de la mayor perversidad”. Condena previa.

Parecería necesaria una revisión de métodos que incluya rescatar el sistema carcelario de “hoyos negros” que enferman de cuerpo y espíritu a ciudadanos sin culpa establecida; teniendo cuidado de no dejar en libertad a individuos sin arraigo, con domicilios imprecisos en confusiones urbanas de calles y numeros de casas. Sin una apropiada garantía económica y sin posibilidades de manipular pruebas al moverse libremente. Por demás, el Ministerio Público y la Policía carecen de recursos para localizar a los muchos huidos. Se cuentan por miles los pejes grandes y pequeños de paraderos desconocidos en el “estado natural de libertad de los humanos”, según doctrina en boga.

Envejeciendo a las deudas

El Estado Dominicano reincide en mantener a contratistas de obras y a proveedores de bienes y servicios enganchados en diversos grados de atrasos en pagarles. Que no nos falle la memoria: el suicidio del defraudado puede ser una consecuencia. Otras han sido: crisis grave en el sistema de salud y muchas compañías de poco capital al borde de la quiebra. La corrupción, de pocas huellas para fines judiciales por silencios forzosos y denunciada sin personificar como hace la Iglesia, ha tenido un aliado en la morosidad. Los desesperados por cobrar se tranzan fácilmente; y más si son económicamente débiles como dueños de pequeños negocios o ingenieros sin influencias y sin fidelidad a proyectos electorales. “Mojar”, un verbo de particular acepción criolla, puede ser de obligada conjugación o los ansiados pagos tardarán mucho más en aparecer.