Brisas : Mi visión de la FILSD 2018

Rosa Francia Esquea

El pasado 30 de abril finalizó la 21ª Feria Internacional del Libro que tuvo como país invitado a Guatemala, dedicada al escritor Lupo Hernández Rueda y con homenaje especial al decimero Juan Antonio Alix.
Esta actividad ha sido criticada desfavorablemente por algunas personas y elogiadas por otras porque dice un refrán: “Cada quien habla de la feria según cómo le haya ido en ella”.
De todas, a la versión pasada fue a la que yo más asistí porque impartí diariamente un taller sobre la revista Tinmarín en el Pabellón Infantil.
Ese espacio tuvo una serie actividades muy interesante; vi a los niños disfrutar con un taller sobre la confección de títeres a cargo de Luis Vásquez. Ese objeto es un valioso auxiliar de la literatura, porque permite una presentación teatral de una obra leída.
Las salas estuvieron repletas de infantes en los turnos de Analie Trinidad, o en la Yuan Fuei Liao, solo por citar dos.
Y nunca un público estuvo más atento como cuando fue presentada Amalia Low, quien utiliza los recursos de la pintura, el canto y la música para complementar la literatura; yo gocé más de una vez con esta escritora japonesa y colombiana.
Vi innumerables imágenes de otras actividades que se desarrollaron porque ese pabellón estuvo en muy buenas manos: la escritora Yina Guerrero, asistida por un excelente equipo.
En cuanto a mi taller, en principio estuve desanimada por la hora, pero Yina fue receptiva y me dio la opción de moverlo. Durante el encuentro, entre una y otras explicaciones, hacía concursos con el mismo material de Tinmarín y le agradezco a Nestlé y a la colega Mirna Pimentel su colaboración. También fue una gran alegría la inauguración de la calle “Dulce Elvira de los Santos”, una mujer que ama a los niños y lo demuestra con su trabajo literario y su diario accionar.