Bunbury convoca a grandes amigos para MTV Unplugged

Bunbury convoca a grandes amigos para MTV Unplugged

 

MÉXICO. Para la grabación de su MTV Unplugged Enrique Bunbury demostró que no escatima en gestos, colores, ni los músicos que lo acompañan.    El rockero español puso a su disposición todo lo necesario para construir su propio universo el martes por la noche en los Estudios Churubusco de la Ciudad de México, aquel mundo que protagoniza con una teatralidad que le ha valido la adoración y la crítica por igual en Iberoamérica.

Bunbury se convirtió en el maestro de ceremonias de una velada inolvidable que suavizó las aristas de rock de algunos de los temas más emblemáticos de su etapa al frente de Héroes del Silencio y su carrera en solitario, para imprimirles un tratamiento más jazzístico, psicodélico y acústico, con claros coqueteos con el funk y una fuerte influencia de la música latina.

Fiel a la frase de “honor a quien honor merece”, el rockero aragonés de 48 años se hizo acompañar por amigos y colegas que prestaron su voz para dar nueva vida a los clásicos de su cancionero.    “Vamos a hacer un recorrido por canciones de diferentes épocas.

Tendremos sorpresas y algunos invitados de honor”, anunció Bunbury a las cerca de 400 personas que fueron testigo de la producción del canal de videos en Latinoamérica.    El puertorriqueño Draco Rosa fue el primer invitado en subir al escenario montado en el Estudio 7, que lució adornado con motivos chinos – una cultura por la que el español ha manifestado profundo interés- para interpretar “El Boxeador”, tema extraído de su álbum de 2010 “Las Consecuencias”.

“Es uno de los autores e intérpretes más inspiradores de Latinoamérica”, dijo al presentar al ganador del Latin Grammy, con quien Bunbury grabó el tema “Obra de arte” para el disco “Vida” del boricua.

Antes de ello, ya habían sonado las canciones “Ahora”, “Dos clavos a mis alas” y “La sirena varada” de Héroes del Silencio, ésta última en una versión que cambió sus potentes guitarras eléctricas por suaves melodías jazzísticas, mismas que dejaron al descubierto las múltiples facetas que adopta Bunbury cada vez que toma el micrófono.

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