Burocracia excesiva y atraso

La eficiencia es un común denominador entre los países con alto grado de desarrollo. Un Estado cuya administración está lastrada por el exceso de burocracia, intrincados trámites y un criterio fiscal arcaico, termina frenando el desarrollo. Una justa preocupación del sector empresarial se basa en que la gestión pública, lejos de ser facilitadora, opera como retranca para las iniciativas privadas, y el régimen fiscal atrasado estimula la evasión fiscal y la informalidad de la economía.
El gigantismo del Estado es una fuente de ineficacia, una especie de beneficencia social para crear plazas remuneradas que no retribuyen al Estado con una labor eficaz. Así, dineros que han debido invertirse en la creación de fuentes de empleos de alta calidad y para impulsar iniciativas productivas, se gastan en salarios a través de las dependencias de la administración pública.
Los diversos gobiernos que ha tenido el país en el último medio siglo han rehuido la negociación de un Pacto Fiscal y una reforma tributaria modernizante. Prefieren mantener altos impuestos segmentados al consumo, en vez de generalizar la carga impositiva con tasas reducidas para neutralizar la evasión. En fin de cuentas, si la administración del Estado sigue anclada en la ineficacia, con altas cargas burocráticas y pesada tramitología, la competitividad del país seguirá siendo un sueño inalcanzable.

Demasiado violencia

La violencia se ha ido afianzando como un rasgo despreciable de nuestra sociedad. Feminicidios seguidos de suicidio y orfandad, crímenes horrendos como el asesinato de un policía mientras alimentaba a su hijo de dos años, que resultó gravemente herido, han invadido la vida cotidiana de esta sociedad, sin que parezca haber un remedio efectivo. La autoridad ha resultado incompetente para enfrentar desde la arista de la prevención el comportamiento social indeseable. La impotencia se adueña de cada ciudadano abrumado por el temor a la criminalidad.
Una raíz de este mal es la fragilidad cada vez más acentuada de los nexos de fraternidad. La familia ha ido perdiendo cohesión mientras los vicios reclutan cada vez a más jóvenes que se entregan al delito. La violencia ha pasado a ser un trágico rasgo nuestro.


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