Caen ingresos
Dilema para el FMI con descenso de préstamos

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POR ANDREW BALLS
En Washington
Una decisión de Argentina y Brasil de liquidar sus préstamos al Fondo Monetario Internacional antes de lo programado, hace surgir la interrogante de si la institución necesita un nuevo modelo de negocios.

El FMI, al igual que cualquier institución financiera, presta con tasas de interés ligeramente más altas de la que toma préstamos, y emplea esos ingresos para cubrir sus gastos por operaciones y añadirle fondos a sus reservas. Sin embargo, por ahora al menos, sus clientes se están reduciendo.

Los nuevos préstamos en el último año fiscal, a US$2,5 millardos (_2,1 millardos, £1,4 millardos), fueron los más bajos desde finales de los años 70, aún antes de hacer los ajustes por inflación. Brasil, Argentina, Turquía e Indonesia representan más de 70% del total de préstamos pendientes, que han bajado de US$90 millardos en abril de 2004 a cerca de US$99 millardos a finales de noviembre.

Los pagos brasileño y argentino de cerca de US$15,5 millardos y US$10 millardos, respectivamente, eliminarán otro gran trozo. Estos pagos significan que el préstamo mucho menor de Uruguay será la mayor exposición del FMI en América Latina. En Asia, después de las crisis financieras de finales de la década de 1990, los gobiernos construyeron enormes reservas financieras, en parte para asegurar que jamás tendrían que acudir con el sombrero en la mano al FMI, que establece duras condiciones para el préstamo.

“Con el pago de dos de los grandes prestatarios, su hoja de préstamos va a resultar realmente reducida”, dice Desmond Lachman, miembro del American Enterprise Institute. “Durante un cierto periodo de tiempo habrá pocos ingresos”, añadió.

La baja demanda de crédito del FMI es resultado, principalmente, de los buenos resultados económicos de los países de mercados emergentes, y de condiciones muy favorables en los mercados financieros internacionales.

Pero un préstamo más bajo trae la interrogante de cómo el Fondo va a pagar sus gastos anuales de cerca de US$1 millardo en el año financiero más reciente.

La tasa de interés que el FMI carga a sus clientes se basa en la cobertura de esos gastos, y una meta para acumular reservas establecida por la junta directiva de la institución. En el corto plazo, existe el peligro que la medida de Brasil y Argentina obliguen al Fondo a incrementar notablemente el interés que le cobra a sus demás prestatarios.

Pero son posibles algunos ajustes rápidos. La junta pudiera reducir la meta de acumulación de reservas. También pudiera reducir la tasa de interés que le paga a sus países miembros sobre sus contribuciones al Fondo. Y el prestador multilateral puede pagar sus cuentas durante varios años a partir de sus reservas, que están en US$6,8 millardos, algo que ya hizo en los años de 1950 y 1970 en períodos de baja demanda de préstamos.

“El Fondo tiene reservas para pagar sus operaciones durante los próximos años”, dice Kenneth Rogoff, profesor de Harvard y un ex jefe económico del FMI. “Es solo si los buenos tiempos se prolongan otros cinco o siete años, y no se producen grandes crisis financieras, que esto se convertiría en un tema importante”.

Con condiciones externas favorables para los países de mercados emergentes, muchos observadores pronostican otro giro en el ciclo, dentro de algunos años, cuando condiciones externas menos favorables generen una demanda mayor de ayuda del FMI, particularmente en América Latina.

Mientras que el momento preciso para estos dos grandes pagos resultó una sorpresa, en particular, en el caso de Argentina, las perspectivas de una contracción en la hoja de préstamos del Fondo no son una novedad. Los contadores del FMI han estado trabajando durante algún tiempo sobre planes nuevos para manejar la situación con un aumento en sus ingresos por otras vías -un plan movido por Rodrigo Rato, el director administrativo del FMI, como parte de un análisis estratégico.

Una posibilidad es obtener un retorno mejor a partir de las reservas, mediante la inversión de una porción en títulos soberanos a mayor plazo, en lugar de instrumentos del más corto plazo. También está el oro subvaluado de los libros del Fondo, una fuente potencial de ingresos, aunque igualmente una fuente de debate político dadas las controversias sobre las ventas potenciales de oro para financiar el alivio de pago de deuda a los prestatários más pobres del FMI.

Otra opción sería gravar cargos a algunos de los otros servicios que el Fondo aporta. Estos incluyen una amplia variedad de trabajos sobre la política fiscal y monetaria, y el sector financiero, estadísticas nacionales y normas de datos. Cualquier nuevo cargo pudiera enfocarse en los miembros más ricos del Fondo: los países donantes pudieran estimularse para que pagaran las cuentas de los miembros más pobres directamente, o acordando recibir tasas de interés más bajas por sus depósitos en el Fondo.

Algunos en el Fondo ven esta situación como una oportunidad para explicarle al mundo el trabajo que realiza la institución, por encima y más allá de los préstamos por crisis a mercados emergentes.

Y en tiempos en que el préstamo del FMI se está contrayendo, muchos observadores ven que el reto más importante que tiene la institución es hacer que se oiga su voz en países que no necesitan sus préstamos, los más importantes, Estados Unidos, que es su mayor accionista, y China el mayor de los países en desarrollo.

El FMI se creó después de la Segunda Guerra Mundial para lidiar con los desbalances de pagos globales y la falta de alineación en la tasa de cambio. En estos momentos, los propios analistas del Fondo indican que el mayor problema que enfrenta el mundo son precisamente esos desbalances globales.

La solución del FMI es pedir un crecimiento más lento en la demanda interna en EEUU para enfrentar el déficit comercial, y un crecimiento interno más rápido en otros países para mantener en movimiento la economía mundial.

Los principales accionistas del FMI -el Grupo de Siete países industrializados líderes-, han acogido este enfoque en el papel, pero han hecho muy poco para su puesta en vigor.

Existe un gran desafío para persuadir a los gobiernos de Asia para que desempeñen su papel en un ajuste de esta naturaleza, tanto en su propio interés económico y para promover flujos de comercio más equilibrados.

Esto implicaría permitir que sus monedas suban frente al dólar, en lugar de continuar incrementando cada vez más sus reservas en divisas para mantener baratas sus exportaciones a EEUU.

(Versión: Iván Pérez Carrión)


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