Calcañito y el Colegio de Periodistas

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Recuerdo cuando los miembros del sindicato de periodistas debíamos abonar dos o tres pesos mensuales. Hablo de la década de 1960. El tesorero era Santiaguito Estrella Veloz y muy pocos abonábamos la cuota que nos correspondía.
Cuando los estatutos del Partido Revolucionario Dominicano consignaron que los funcionarios, elegidos como senadores, diputados, síndicos y regidores, debían abonar un porcentaje de sus sueldos. Esa misma disposición ponía a cargo de los miembros de la organización pagar una cuota ridícula para que los ingresos del partido solventaran sus gastos.
Se levantó el fogoso senador y gran orador Pablo Rafael Casimiro Castro, habló y hay que saber qué argumentos no usó para oponerse a la disposición que se intentaba aprobar en la Carta Convención, en octubre de 1966. Por supuesto, no fue aprobada la enmienda.
El excelente trabajo de valor, disposición, permanente y claridad de miras que realizaron Juan Bolívar Díaz, Silvio y Emilio Herasme Peña, Víctor Grimaldi y otros colegas cuyos nombres se me escapan, (cito de memoria), para tumbarles el pulso a los dueños de medios impresos, radiales y televisivos, ellos tuvieron el cuidado de lograr que la ley de colegiación estableciera de dónde debía obtener sus fondos el Colegio de Periodistas.
Entre otras fuentes, la principal es un porcentaje del monto de la publicidad colocada en los distintos medios, lo cual ponía la pelota en un campo que no dominábamos.
Fruto de ese compromiso legal, el Colegio tenía la oportunidad de comprobar el gasto en publicidad por varias vías una de las cuales era el monitoreo de los anuncios colocados en los medios, la comprobación de los cheques con los cuales se pagaba a las publicitarias y cualquier otra.
El Colegio tuvo problemas con el manejo de los fondos y, por ello, decidí postularme y logré la victoria, para la Presidencia del Instituto de Protección al Periodista, que administra los ingresos de la institución.
Los fondos cubrían los gastos inmediatos, pero estaban muy lejos de tener suficientes recursos para pensionar periodistas ya fuera por enfermedad o por vejez.
Los dueños de medios se negaban a pagar el porcentaje de la publicidad realizada y ello constituía un grave escollo para la operación exitosa de las finanzas del Colegio de Periodistas.
Dado el volumen de publicidad actual, en todos los medios, vallas, vehículos, colocación en los diarios, en la radio, en la televisión, en los medios digitales, el volumen de recursos del CDP, bien administrado, junto con un porcentaje de los sueldos y salarios del personal de prensa, deben convertirse en un fondo de pensiones organizado por un actuario, para que los periodistas no tengamos que pasar por lo que le ocurre el amigo Calcañito, que estos desalmados lo envían al infierno, después de varias décadas de ejercicio profesional.


COMENTARIOS