Calles y avenidas
La Feria, un vestigio de la “era”

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Durante un año, casi toda la clase pudiente dominicana vivió de fiesta participando en bailes, corsos floridos, desfiles, reinados, presentaciones artísticas y culturales en la más suntuosa y deslumbrante de las conmemoraciones trujillistas: la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre que, aunque representó “el inicio de una histórica crisis económica”, dejó a Santo Domingo  terrenos magníficos, calles y preciosas avenidas y edificaciones que aún alojan oficinas gubernamentales y exhiben imponentes murales pictóricos de ese tiempo.

La descomunal atracción a la que asistió más de un millón de personas de la República y del mundo, se inauguró el 20 de diciembre de 1955 en homenaje a Trujillo, para celebrar el 25 aniversario de su “Era”. Con gran antelación se formó una Comisión Organizadora que presidía Virgilio Álvarez Pina,  gobernador del Distrito Nacional, y que integraban, además, Ramfis Trujillo, Miguel Ángel Báez Díaz, Virgilio Álvarez Sánchez, Enrique de Marchena, Joaquín Balaguer, Milton Messina, Manuel Resumil Aragunde, Marco A. Gómez hijo y Modesto E. Díaz,  colaboradores del tirano que ostentaban elevadas funciones.

El “Directorio Técnico” lo conformaban los arquitectos José Antonio Caro y Guillermo González y los ingenieros Pedro Pablo Bonilla, Virgilio Pérez Bernal y Emil Boyrie de Moya, quienes tenían como asesor al arquitecto Javier Barroso.

Se designaron comisiones de propaganda, a cargo de Virgilio Díaz Ordóñez;  de la “Feria del Libro María Martínez de Trujillo”, presidida por Armando Oscar Pacheco asesorado por el filósofo y exdirector de la biblioteca de la Universidad, Luis Florén Lozano; y Manuel de Jesús Goico Castro era  secretario general de la Comisión Organizadora de la Feria.

También tuvieron destacada actuación en los aprestos, Horacio Vicioso Soto, que junto a Fernando Carratalá, Juan José Pujadas y Goico Castro instruyeron 46 guías que sirvieron de intérpretes a turistas y representantes de 42 naciones; Horacio Ortiz Álvarez, supervigilante de los más de 500 hombres que trabajaban acondicionando los terrenos (tras el ajusticiamiento se ha publicado que fueron ocho mil obreros); el paisajista Max Álvarez Laviada, responsable de la ornamentación; Marco A. Gómez hijo, presidente de la Comisión Organizadora del fastuoso reinado de “Angelita primera”, la “mimada” hija del Generalísimo; Danilo Brugal Alfau, “administrador delegado” de la Feria; Martín de Moya, director técnico de la Feria Ganadera Internacional y los gobernadores de cada provincia.

John Ray, representante de la firma “Hamid & Son”, que vino a ver el área donde montaría un parque de diversiones dijo que la Feria era probablemente más grande que las  celebradas en Chicago y New York, y el doctor Michele Guido Franci, de visita en “Ciudad Trujillo” con fines similares, manifestó que era mayor que la Gran Feria de Milán.

En un regio pedestal de mármol “de líneas reservadas y sobrias” se colocó un busto del “Padre de la Patria Nueva”, obra del famoso escultor italiano Aurelio Mistruzzi, vaciado en bronce, al que hacía compañía, en otro ángulo, un mayúsculo coloso sosteniendo en sus brazos la paloma de la paz y el universo.

A ese gran espacio que fue como otro poblado dentro de la capital, se le cambió el nombre a la caída del trujillato por el de “Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo” en honor a los expedicionarios que incursionaron por esos lugares en Junio de 1959 para enfrentar al régimen, pero el pueblo le sigue llamando “La Feria”.

Del  acontecimiento,  que  conmemorará 57 años el próximo diciembre, generalmente se publica y comenta lo reseñado por la prensa y el contenido de dos inmensos álbumes “de oro” con la historia más trascendente. Sin embargo, hay detalles poco tratados de este opulento aniversario en boletines y suplementos que publicó la Comisión Organizadora  que parece fueron destruidos o de circulación limitada. En ellos se aprecia que la Feria no fue solo “el más brillante corso carnavalesco de que se tenga noticias en la Isla y que será inolvidable para todos”. Otros pormenores se agregaron a la coronación de Angelita y los “lacayos” y “preciosas damitas” de su corte, “jóvenes y señoritas de nuestra mejor sociedad”, como expresaban las notas. Y fue más que carrozas, serpentinas y confeti, alegrías y risas compartidas en aquella llamada “Era de Progreso y Grandeza Nacional”.

“El reinado de Angelita fue el ridículo más grande. Obligaron a participar a la juventud dominicana de la alta clase media y la oligarquía”, significó el historiador Emilio Cordero Michel, quien desfiló  como parte del cortejo junto a su novia de la época. Después fue un decidido opositor al régimen de Trujillo, como ocurrió con otros “chambelanes”.

Para él, “la Feria de la Paz” representó “un espectáculo vergonzoso, risible, costosísimo,  con una corte virreinal de reyes y aquel vestido de Angelita que costó millones”. Agregó que, no obstante, “dejó como beneficio las oficinas del Estado”.

Calles de “La Feria”.  Por decreto 279 del 21 de octubre de 1954, se colocó la “Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre” bajo los auspicios del Gobierno. En uno de sus artículos expresa que se instalaría en un área aproximada de 500 mil metros cuadrados, comprendida dentro del siguiente perímetro: “Al Norte, carretera Sánchez; al Sur, avenida George Washington; al Este Hospital Infantil “Angelita”  y al oeste la Cervecería Nacional Dominicana”.

La prensa destacó sus jardines compuestos por cien mil plantas ornamentales de 100 especies distintas, entre las que se encontraba una a la que llamaron “Julia”, en honor a la madre del dictador. “Una rara y hermosa variedad de camelia de los famosos jardines de Mobile, en Albania, Estados Unidos, será designada con el honroso nombre de Julia”, se explicaba.

 “Las avenidas de la Feria de la Paz son nuevas arterias y facilitan y embellecen la vida citadina”, destacaban. La mayoría tenía letras y números. La principal fue denominada “Cardenal Spellman”, arzobispo de Nueva York que asistió a las festividades. Ha sido cuestionado por supuesta condición homosexual. Otra era la “Presidente Somoza”, en honor al dictador de Nicaragua Anastasio Somoza García, y “Cardenal de la Torre” por el arzobispo Carlos María de la Torre, de Quito, invitado del sátrapa.

Hoy son las avenidas “Enrique Jiménez Moya”, expedicionario de 1959; “Fray Cipriano de Utrera”, sacerdote e historiador y “Juan de Dios Ventura Simó”, aviador que desertó y se unió a los patriotas de junio.

Las letras y los números fueron sustituidos por los nombres de Horacio Vicioso, Paul P. Harris, Juan B. Pérez, Hipólito Herrera Billini y Rafael Damirón. Algunos fueron colaboradores del régimen. La calle número “Uno” de entonces, es  hoy la “República del Líbano” y la “D” es  “Héroes de Luperón” en reconocimiento a  expedicionarios de 1949 que vinieron por esa bahía.

Centro de Los Héroes.  El 15 de junio de 1962, el Ayuntamiento del Distrito Nacional bautizó el recinto de la “Feria” como “Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo”, atendiendo  una solicitud de la Fundación de ese nombre, y  tomando en cuenta “el fondo justiciero” de la nueva denominación que rinde homenaje a los  combatientes del 14 de junio de 1959.