Calles y avenidas
Máximo Cabral y La Barranquita

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La historia no ha sido ingrata a su memoria. Además de reconocer su heroísmo ha dejado grabada en hermosas líneas y repetidas páginas la crónica ejemplar de su ofrenda en defensa de la soberanía pisoteada.

 El más reciente homenaje a su personalidad aguerrida se lo tributó el periódico “Vanguardia del Pueblo”, que publicó una enaltecedora semblanza en honor al “glorioso capitán” cuyo nombre ostenta un “Comité Intermedio” del Partido de la Liberación Dominicana. En Santo Domingo, al igual que en otras ciudades del país, se han denominado vías en su honor.

 En 1926 el Congreso Nacional asignó una pensión a su madre y en 1934 fue bautizada “Máximo Cabral” una calle de Gascue. En 1922, Rafael Eduardo Ricart describió su hazaña y su martirio en la revista “Panfilia”, incorporando a su elocuente narración el retrato físico del héroe.

 El historiador Rafael Darío Herrera, dedicado a estudiar y proyectar su trayectoria y el hecho glorioso de “La Barranquita”, donde dio Cabral tan patéticas muestras de valor, declara que al margen de los méritos del soldado, que parece haber sido el más activo en la batalla, también puede haber influido para mantener vivo su recuerdo el que perteneciera “a una familia de renombre, poderosa económicamente en Mao”. No regatea las distinciones pero manifiesta que Carlos Daniel, el comandante de la acción, apenas se menciona.

“Cabral ejecutó con presteza, con agilidad, todas las instrucciones que le impartió el general Carlos Daniel porque el general nunca está al frente de la batalla, es el que traza tácticas y estrategias, pero el ejecutor, siempre, es el capitán. Sin desmedro de los merecimientos de Cabral, que considero justos, creo que debe reconocerse a los demás héroes, por ejemplo a Carlos Daniel. Si él hubiera muerto en esa batalla se le hubiera tenido como un héroe, pero a los que quedan vivos no se les presta atención”.

En sus investigaciones, Herrera encontró un dato que ningún cronista había consignado: el joven revolucionario dejó novia. Se llamaba Merlin Cabral.  Destaca de éste su “valentía, su decisión de no retroceder y enfrentar a toda costa a los norteamericanos”. En Santo Domingo, manifestó, “ningún otro héroe de La Barranquita tiene una calle”.

“Hijo predilecto de Valverde”

 Ricart compara su arrojo con el del “ínclito cacique Guarocuya” y anota: “El fecundo llano de Guayacanes de Santiago trepidó bajo el estruendo pavoroso de su caída, y las veinticinco estrellas incrustadas sobre su fornido tronco por la ametralladora enemiga, vertieron el vivificador fluido en una votiva ofrenda filial y conmovedora”.

Dice que tenía ojos negros y expresivos, sedosa cabellera obscura, tez trigueña, facciones finas, férrea contextura, altivo porte marcial, elevada estatura, elegante, a la par que grueso. Era “un moderno David, pastor y guerrero, siervo y devoto del invicto estandarte del pueblo dominicano”.

“Hijo predilecto de Valverde, corazón intrépido y afable, voluntario vencedor del natural instinto para cumplir los más bellos y sagrados deberes de sacrificio patrio”, añade.

“Vanguardia del Pueblo” apunta que Cabral Reyes “fue el jefe de la resistencia que en el paraje de La Barranquita, cerca de Guayacanes, hoy provincia Valverde, le hizo un grupo de dominicanos a las tropas norteamericanas que ocuparon nuestro país en 1916”.

Recibió enseñanza escolar con Ercilia Pepín, luego se dedicó a las tareas agrícolas en las propiedades de su padre, terrateniente de la región del Cibao. “Más tarde pasó a formar parte del Estado Mayor del general Desiderio Arias y tomó parte en la campaña de 1912 distinguiéndose en los combates de Chacuey, Juan Calvo y otros de menos importancia que sucedieron luego del asesinato de Ramón Cáceres”, señala el órgano político. Fue protagonista de casi todas las acciones en las que actuó el guerrillero montecristeño. “Máximo Cabral alcanzó en el Estado Mayor de Desiderio el rango de capitán y los que lo conocieron lo recuerdan jovial, impulsivo, fornido, con un valor sereno al momento del combate”.

Darío Herrera manifiesta que Cabral vestía uniforme de soldado francés, era extrovertido y  luchó con denuedo “para desplazar al general Alfredo Victoria del poder, que encabezaba prácticamente una dictadura. Cuando se produjo la intervención de 1916, ya era miembro de la Guardia Republicana estacionada fundamentalmente en la fortaleza Ozama. En ese quehacer revolucionario tan intenso, no tuvo tiempo para el matrimonio”, enfatiza el escritor maeño.

La calle

Una resolución de la Sala Consistorial de la Ciudad de Santo Domingo, emitida el 13 de noviembre de 1934, dispone: “La calle de Gazcue de Norte a Sur paralela a la “Ángel Perdomo”, hacia el Oeste, se llamará Máximo Cabral, el héroe de La Barranquita”.

Inmolado

Máximo Cabral Reyes

Nació en la villa de Mao el siete de noviembre de 1889, hijo de Máximo Cabral y Eudocia Reyes. Fue el mayor de 13 hermanos.

El tres de junio de 1916, al frente de 90 hombres, emboscó las tropas norteamericanas que procedían de Monte Cristi y se dio inicio a un violento combate que comenzó en horas de la mañana y terminó a las cinco de la tarde del cuatro. “Tres días habían aguardado Cabral y sus hombres el paso de las tropas imperialistas, pero a la larga pudo más la superioridad bélica y numérica que el valor y la abnegación de los patriotas”, afirma “Vanguardia del Pueblo”.

“Debían estar seguros de que se iban a inmolar porque los maeños tenían armamentos rústicos, primitivos, como máuser de un tiro y otros que ellos le decían “vegas haitianas” pero eran belgas haitianos de las guerras de independencia”, acota Rafael Darío.

Cabral Reyes “cayó heroicamente en La Barranquita a la edad de 29 años junto a muchos de sus compañeros que con él quisieron vengar la afrenta hecha por los yanquis a la soberanía nacional”, resalta Vanguardia. En 1936 sus restos fueron trasladados con honores de héroe nacional a la Catedral de Santiago de los Caballeros.


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