Calles y avenidas
Naco: desde su origen hasta hoy

Todavía Santo Domingo era “Ciudad Trujillo” y Eudoro Sánchez y Sánchez, inspector al servicio de la Presidencia, no imaginaba lo que sería el sector de Naco medio siglo después de su preocupación por aquellas casas y calles sin números ni rótulos.

El funcionario escribía a Benjamín Uribe Macías: “Detrás del Seminario Santo Tomás existe el Reparto Naco I, ya muy poblado, cuyas vías no tienen nombres ni las casas están numeradas por lo que se hace difícil la localización de sus moradores. Se quejan del servicio urbano de limpieza, porque no los toman en cuenta…”.

El memorandum estaba fechado 12 de Junio de 1961. Hacía tres años que a los señores Juan Isidro Bernal Jimenes, Pacho Saviñón, Rafael Ginebra, Finfo Álvarez y Armando Ortiz Hernández se les había ocurrido urbanizar esos cerca de 40 mil metros que habían sido propiedad de Luis Perallón. La compañía que formaron para esos fines, “Nacional de Construcciones”, Naco, le dio nombre a ese sector al que luego bautizaron “Naquito” porque más tarde se emplearon en lo que fue su proyecto más ambicioso, el sólido y resistente “Naco” en el que se conjugaron entonces todos los recursos de la modernidad.

Don Juan, ingeniero civil, arquitecto, nació el 16 de septiembre de 1924, hijo de Dionisio Bernal Latour y Dolores Jimenes de Bernal, la hija menor del ex Presidente Juan Isidro Jimenes Pereira. Cuenta entusiasmado la historia de esta empresa en la que aún se mantiene al frente, recordando el ayer en “La Cumbre”.

Este singular pionero que concibió a Naco como pueblito precioso dotado de los elementos necesarios para divertirse, trabajar, estudiar, nutrirse, acudir a la autoridad y cumplir con Dios sin salir del entorno, no se atribuye la exclusividad de la gloria de esta obra. En más de una ocasión reconoce a sus compañeros, entre los que hay dos para los que ha pedido sendas calles del sector: Amable Frómeta y Manolito Baquero. No ha sido complacido pese a que en dos ocasiones fue regidor del Ayuntamiento.

“Se volvió loco…”   En 1968, los capitaleños se escandalizaron cuando Juan Isidro Bernal y compañeros iniciaron la construcción de edificios de apartamentos. Dijeron que él se había vuelto loco colocando en una sola sección de tres pisos trescientas familias e igual número de domésticas, chóferes, vehículos, etc.

 Levantó “ocho secciones, o sea cuatro torres con 316 apartamentos y después hicimos 134 viviendas más en otro edificio de 17 pisos. Amable Frómeta era el arquitecto en esta etapa”. A las residencias se agregaron “el Policlínico Naco (Hospital Central de las Fuerzas Armadas), Plaza Naco, Centro Comercial Naco… “Nos asociamos con don Joaquín Ginebra e hicimos tres cines: “Plaza”, el primero tipo anfiteatro; Naco 1 y Naco 2. Yo hice las plazas comerciales y era también el dueño”, comenta.

Naco ha mantenido la cultura de supervivencia civilizada en comunidad en esos apartamentos que inicialmente se vendieron a 22 y 23 mil pesos, y las casas a 15 mil. “Teníamos cierto control, decíamos a los ocupantes: No salgan en camisillas, no se sienten en los balcones sin camisa, no tiendan ropa en la galería…” Entre los primeros dueños don Juan sólo recuerda  al “señor Sanabia y a Juanito Amell” que compró el último que quedaba con desesperación pues a su casa acababa de entrar un ladrón.

“Las primeras torres del país son éstas y éste es el punto más alto de la ciudad”, manifiesta Bernal refiriéndose a “La Cumbre”. Después, agrega, Pujol Armenteros hizo otra torre en la Bolívar de 42 apartamentos, y también dijeron que se estaba volviendo loco”.

En comparación con el Naco original, el ingeniero Bernal Jimenes encuentra que éste “se ha convertido en un sector comercial, ya en todas las calles” y que “en ninguna parte queda un metro”.  Tan sólidas son sus construcciones que han resistido con firmeza huracanes, terremotos, tormentas, tornados. ¿A qué se debe? “A que están bien construidas”, responde Bernal Jimenes, y agrega jocoso: “Aquí no les subimos las varillas”.

El otro naco

Las casas del “Naquito” fueron 40. “Las financiamos nosotros. Fue la primera vez que se financiaron casas con recursos propios, al ocho por ciento de interés. El metro costaba siete pesos con 50 centavos. Eran casas de 200 metros, con tres dormitorios, y, por primera vez, con dos baños y pantry-cocina”. Bernal recuerda entre los primeros adquirientes a “Chipi Henríquez, Bergés Chupani y Mario Gracia Vidal”.

“Nacional de Construcciones” se fundó el 7 de noviembre de 1957 y a partir 5de 1959 comenzó la urbanización del “segundo Naco” en tierras compradas a las hermanas Ermila, María, Alicia, Teotiste Hernández Matos y a otras personas. Estaban ubicadas “entre las dos pistas del desaparecido aeropuerto General Andrews. La ciudad prácticamente las rodeaba, ésta era la zona del aeropuerto El Naquito era como la continuación del camino de La Esperilla”, refiere don Juan Isidro.

“Esto lo diseñé de común acuerdo con la arquitecta Martínez Richiez, en el Ayuntamiento del Distrito Nacional, y nos adaptamos a la ciudad. Inclusive, giramos un poco la avenida Pablo III y la convertimos en Tiradentes, cuando eso sucedió, la gente se dio cuenta de que esto estaba en el centro de la capital pues antes tenía que dar la vuelta por la Fabré Geffrard (Abraham Lincoln) y devolverse. Esto estaba lejísimos”.

Inauguraron el autocinema y aquello fue una apoteosis. Construyeron el Club Naco, regalaron la dotación policial, contribuyeron con la edificación de la iglesia San Judas Tadeo y la escuela de los Salesianos, fundaron tres clubes más: Deportivo Naco, Club de Ejecutivos y Club de Leones Naco. También levantaron un parque central que fue eliminado en época de Balaguer. Para el negociado de las casas debieron crear una empresa de financiamiento.

Electricidad, pavimentación de las calles, el acueducto alimentado con las corrientes de “el Maná”, fueron tarea de estos pioneros que también surtieron de agua otros sectores.