Calles y avenidas
Petronila Angélica Gómez

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Se enfrentó a todos los prejuicios de su tiempo y aunque fue de pobres orígenes, negra, mujer, se impuso en la sociedad dominicana y trascendió el ámbito local ganando reconocimiento y admiración entre renombrados intelectuales de otras latitudes.

Vivió ciega y olvidada por un cuarto de siglo en el Asilo San Francisco de Asís, de Santo Domingo. La falta de visión, sin embargo, no impidió que escribiera y publicara dos libros que sumó a su primigenia bibliografía de historiadora y poeta.

Petronila Angélica Gómez, emprendedora, visionaria, fue empresaria y administradora exitosa como maestra propietaria  de colegios privados en la capital y en provincias, y de una revista de tal calidad e indiscutible demanda que estuvo circulando con entusiasta aceptación durante 22 años ininterrumpidos.

En 1977, Ramón Font Bernard, entonces director de Radio Televisión Dominicana, pidió una calle para esta singular dama, pionera del movimiento feminista que con intenso batallar estuvo entre  las que reclamaron y obtuvieron el derecho al voto para las representantes de su sexo. La solicitud no fue complacida, como tampoco el homenaje por el que clamaba Julio Jaime Julia en 1990, que expresaba: “Algún día, cuando la conciencia pública del pueblo dominicano esté edificada sobre el conocimiento de nuestros auténticos valores, el ejemplo de abnegación dado por Petronila Angélica Gómez resplandecerá a la luz del sol como una antorcha que no será apagada nunca por las fuerzas negativas de la indiferencia del mundo y la ruin miseria de la mezquindad humana”.

Fue en 2003, 32 años después de su deceso, cuando se colocó el nombre de la distinguida maestra a una discreta vía de la capital.

Pobres referencias

Los únicos testigos que pueden dar testimonio de su vida admirable son sus libros y el contenido y la presentación de “Fémina”, cuya colección se conserva casi completa en el Archivo General de la Nación. Pero han transcurrido 38 años de su larga existencia en el hospicio y esos archivos están inactivos, quizá inexistentes. Un empleado del centro que ingresó allí siendo niño, la recuerda vagamente.  No fue posible por esa vía saber si hay algún pariente vivo de la insigne profesora.

“Haz de luces”, obra de Julio Jaime Julia que rinde honor a mujeres sobresalientes del país, es la fuente que ofrece mayores informaciones de Petronila, pero sin foto. La crónica de su muerte, la noticia de que pondría un libro en circulación, en 1956, la retratan ya anciana, con la visión perdida.

La escritora Ylonka Nacidit conserva una foto pequeña de la maestra en sus años juveniles.

En el Archivo General de la Nación está su acta de nacimiento.

El 15 de febrero de 1922 fundó la afamada revista “Fémina”, “tribuna dedicada exclusivamente a la mujer, sus intereses, necesidades y problemas, y en sus páginas, donde aparecieron firmas internacionales, se sembraron las primeras semillas de las ideas feministas que surgieron en nuestro país”, apunta Julia. Comenzó modesta, con una pequeña imprenta que le obsequió Eladio Sánchez, de la Sultana del Higuamo, pero más tarde Petronila compró una nueva a los hermanos Montalvo, reputados impresores.

Era administradora y redactora principal de la publicación.

Laura Herrera de Geraldino y Consuelo Montalvo de Frías, propulsoras del feminismo en el Este, estuvieron entre sus primeras colaboradoras.

Después desfilaron por “Fémina” Delia Weber de Coiscou, Evangelina Rodríguez Perozo, Carmen de Peynado, Isabel viuda Pellerano, Beatriz Lucila Simó, Ana J. Jiménez, Federico Henríquez y Carvajal, Quiterio Berroa Canelo, Fabio Fiallo, Juan Montalvo, Gabriela Mistral, Juana de Ibarborou, Pedro Albizu Campos, Ercilia Pepín, Luisa Ozema Pellerano y otros que consignó Rodolfo Coiscou Weber en la nota necrológica de Petronila.

La intelectual española Carmen de Burgos, presidenta de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas nombró a Petronila presidenta del comité de ese organismo en la República Dominicana.

 En 1948 la lúcida escritora dejó de ver, no obstante, publicó dos libros, uno de ellos “Influencia de la mujer en Iberoamérica”,  ensayo que agregó a sus obras en versos y a “Contribución para la historia del feminismo dominicano”.

Falleció en el Hogar Geriátrico San Francisco de Asís, el primero de septiembre de 1971, dejando el recuerdo de su incomparable valor y su tesón.

Amalia Liston, que escribió el prólogo de su último libro, anotó: “Aunque el destino quiso llevar a doña Angélica al mundo de las sombras, privándola de la vista, ella sigue en actividad y seguirá escribiendo y publicando mientras le asista la facultad de pensar”.

Homenaje tardío

El 11 de mayo de 1977, en memorándum dirigido al Presidente Balaguer, Ramón Alberto Font Bernard le sugería, “la iniciativa de distinguir una calle de esta ciudad con el nombre de Petronila Angélica Gómez, poetisa, educadora y pionera del movimiento feminista en el país”.

No fue acogida la propuesta.

 El 5 de marzo de 2003, por sugerencia de la secretaria de Estado de la Mujer, Yadira Henríquez de Sánchez Baret, se honró a un apreciable grupo de damas sobresalientes con motivo del Día Internacional de la Mujer, en el que figuraba el nombre de Petronila Angélica Gómez.

Se escogió la antigua calle “25 Oeste” de La Castellana para rendir este homenaje, tardío, a la resuelta, activa y versátil hija del barrio San Miguel.

La diminuta vía está ubicada entre las “Aída Cartagena Portalatín” y la “Eugenio Deschamps”. 

Antecedentes

Petronila Angélica

Nació en el barrio de San Miguel, en Santo Domingo, el 31 de enero de 1883.

Hija de Eustaquio Gómez y Ramona de Brea. Estudió primaria en la escuela de “Doña Teresa Rodríguez” pero continuó su formación escolar en San Pedro de Macorís donde residió 25 años, hasta 1934 cuando se trasladó al Distrito Nacional.

Graduada Institutriz Normal y Maestra Normal de Segunda Enseñanza en 1911 y 1915, respectivamente, dirigió la primera Escuela Mixta de San Pedro de Macorís, de 1908 a 1919, fecha en que compró el “Kindergarten” que regenteaban Mercedes Amiama Gómez y sus hijas Josefa y Aurora. Anteriormente dirigió las escuelas graduadas números 18 y 16 de Agosto y prestó servicios al plantel fundado por la profesora Casimira Heureaux.

Animadora cultural, cívica y feminista, organizó la exposición de flores artificiales para la celebración, en 1932, del primer cincuentenario de haberse erigido la provincia de Macorís.