Carta abierta a Fidelio Despradel

Carta abierta a Fidelio Despradel

Apreciado Fidelio:

Estuve en la puesta en circulación de tus “Memorias de un Revolucionario”, obra muy completa que significa un esfuerzo bien documentado y ameno de tu larga trayectoria pública, por lo cual te felicito, al igual que por la solidaridad familiar de que has disfrutado, lo que te ha ayudado a seguir una trayectoria revolucionaria que te enaltece.

Esta es la cuarta vez que escribo sobre el tema. La primera fue para comentar tu libro: “Conjura Submarina- un temprano esfuerzo por ajusticiar a Trujillo-” para corregir algunos errores y juicios que me obligaron a publicar: “Conjura Submarina Parte II -Los capítulos que se le olvidaron a Fidelio-”, basado en documentos e informaciones fácilmente comprobables.

Un par de años después, el joven escritor Edwin Disla publicó su novela “Manolo”, en la que utilizó a su manera una de tus desinformaciones, la que contesté con carta al autor que publiqué. Aunque tanto este como tú reconocieron su error, no hubo desagravio público, y tú te justificastes restándole importancia.

En el año 2013, en un escrito publicado en la sección “Areíto”, del Periódico “Hoy”, al comentar brevemente nuestra aventura antitrujillista, te ensañaste contra mi finado hermano Marcio, gran luchador antitrujillista calificándolo de traidor, por ofrecer un submarino venezolano para transportar las armas y explosivos para el atentado contra Trujillo y un golpe de mano para atacar inmediatamente después puntos claves de Ciudad Trujillo; a lo que yo contesté con un artículo mío en ese periódico titulado “Así no Fidelio”, en el que señalé que hay personas que bajo gran tensión, confunden lo deseado con la realidad; como también era el caso la gran maestra y luchadora antitrujillista, tu tía Minetta Roques; quien dio por seguro por un año que mi hermano Octavio, expedicionario de Estero Hondo en 1959, estaba vivo, en base a la “revelación” del conocido suyo Rómulo Guzmán; luego anunció, según relatas, la llegada de las armas (libros); y más tarde supuestamente “concertó” una cita mía contigo, cuando me perseguían y apenas tuve tiempo para escapar de las garras de los sicarios.

En estas “Memorias”, corriges varios de tus errores del libro anterior, pero mantienes y añades otros que debo corregirte:

1. Tal como refieres, el plan original tuyo, Máximo Bernal y Puchito García Zaleta, era el hacer estallar una bomba con un dispositivo electrónico al paso de Trujillo por la esquina noroeste de la confluencia de las avenidas Bolívar y Máximo Gómez, desde una pared, no lejos de tu casa.

En cambio, el plan que se aceptó fue el que yo había elaborado: de hacer estallar una bomba a control remoto cerca de la desembocadura de una cloaca que todavía existe, en la confluencia de las avenidas Washington y Máximo Gómez, justo debajo de donde se sentaba el dictador con su comitiva en el curso de sus paseos vespertinos; y luego realizar un ataque sorpresa en puntos estratégicos de la capital dominicana, cuyos armamentos inicialmente se recibirían por paracaídas en una finca del exgeneral Luis Felipe Vidal, situada cerca de Los Llanos, con el apoyo de su hijo “Negrito”, gracias a un plano elaborado por René Sánchez Córdoba.

2. Tú narras los contactos que tuviste con el Dr. Luis Manuel Baquero y los hermanos Fiallo; antitrujillistas a carta cabal, aunque conservadores; pero tratas de satanizar mis contactos con mi primo, el Dr. Jordi Brossa, conservador también, hombre íntegro quien arriesgó su vida valientemente e incapaz de desarrollar labores de espionaje que algunos desaprensivos le han querido atribuir; olvidando que entonces dábamos prioridad a la eliminación física del tirano; para luego tomar el poder y seguir la línea progresista y nacionalista que se estableció en la Declaración de Principios del “Frente Cívico Revolucionario”, del que fui el principal redactor, antes de la que trajo el Movimiento de Liberación Dominicana, organizador de las expediciones de junio del 1959.

3. Olvidas decir que fui yo quien puse a los contactos norteamericanos como condición para participar en planes contra Trujillo, que Luis Gómez y tú fueran parte de este y por eso se pusieron en contacto con ustedes. No debiera extrañarte que yo buscara también la participación de Juan Isidro Jimenes Grullón, un intelectual y luchador honesto, si bien cometió el serio error de apoyar momentáneamente el golpe de Estado del 1963, dejándose llevar por su rivalidad añeja con Juan Bosch. También su primo Tito Canepa, un asimilado al Army norteamericano, pero que junto a su esposa, profesora de baile, participaba en movimientos cívicos pacifistas y antitrujillistas de Nueva York. Obviamente, para la ejecución de esos planes era necesario incorporar a otros actores y Juan Isidro era de los más confiables del exilio.

4. En cuanto a la carta supuestamente enviada por mí a Jordi Brossa (El Chico), que tú calificas de “grave”, ello me resulta risible, porque tú mismo declaras en tu obra que enviaste mensajes sobre la conspiración con el Dr. Baquero, compañero de conjura con este.

Pero esa carta a Jordi nunca existió; sino una enviada por mí a Marcio, por vía de este, para los mismos días que la enviada por ti, vía Dr. Baquero, en la que insistía en el plan anterior, independientemente de que Bernardo Vega, no conocedor del asunto, así lo interpretara. Basta leer la misiva citada para confirmar lo que digo, pues a este vivía en el país, y era mi hermano, quien vivía en Venezuela. Te invito a que reproduzcas el texto íntegro de esa carta, con fecha y destinatario.

Transcribo aquí tres párrafos de la carta de marras, para demostrar quién era en realidad su destinatario: 1)“Supongo que habrás recibido mis noticias a través de una persona primero y de carta después”; otro dice: 2)“Con la venida formal de los implementos puedes enviarme todo lo pedido originalmente”; y finalmente: 3) “comunícate con Luis Gómez Pérez, si ya no lo has hecho; es sujeto de confianza y valioso. No sé si habrá llegado a Venezuela desde Argentina”.

Por lo demás, hay en esa carta párrafos escritos originalmente por ti, Puchito o Máximo Bernal. Si bien Bernardo podía equivocarse, lo tuyo es imperdonable; a menos que tu egotismo no te permita ser mínimamente objetivo en tus análisis para restarme méritos y atribuirte un protagonismo exagerado, pues yo fui el verdadero coordinador de esa conspiración.

5. Asumí plenamente la tarea de reclutar combatientes, con alto riesgo de muerte cierta de mi parte, pues tenía a mi padre preso, dos hermanos muertos y otros dos denunciando al régimen desde el exilio; porque sin restarte tus méritos, como quiera que sea, tenías en tu favor el efecto amortiguador de que tu padre Arturo era cercano colaborador de Trujillo y tu tío Roberto fue de los armadores principales de la tiranía en 1930.

6. Algunos de tus comentarios erráticos hacia mí, que no merezco, y otro de Juan B. Mejía, contrastan con el tratamiento elogioso o indulgente que das en tu obra a personas que antes, durante o después de los hechos narrados pueden ser cuestionados en el orden cívico y político. Yo en cambio conservo hacia ti y tu familia el mejor de los recuerdos.

Sin embargo debo aclararte tus repetidos errores, a la vez que recordarte, y puedo demostrar fehacientemente, que en más de 56 años de vida pública he estado siempre del lado de las mejores causas posibles, en primera fila, asumiendo los riesgos que han sido necesarios. Todavía puedo suscribir los objetivos e ideas plasmadas en la Declaración del “Frente Cívico Revolucionario” y en centenares de libros, proyectos, declaraciones, artículos y acciones públicas, sin haberme desviado nunca, ni he pretendido beneficiarme de la política dominicana. En eso no tienes nada que enseñarme y pocos dominicanos pueden afirmar lo mismo.

Soy marxista en el orden sociológico, aunque no he sido partícipe del sectarismo de muchos partidarios del llamado socialismo real, ni del divisionismo y personalismo en que ha caído por muchos años la izquierda dominicana.

7. Si todavía te queda alguna duda o divergencia con respecto a mis aclaraciones, te invito cordialmente a una comparecencia común en un espacio académico neutral, como el Archivo General de la Nación, para que con los documentos y personas que te parezcan convenientes, confrontemos nuestros puntos de vistas, para que la verdad se transparente ante la historia.

Cordialmente,

Tirso

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