CARTAS A NADIE fascinante ritual… para todos

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A Casa de Teatro, buzón siempre abierto a toda manifestación artística, llegan las “Cartas a Nadie”, pieza teatral original de Hamlet Bodden, basada en el poemario de Iván Miura.
Cada carta es un poema pletórico de metáforas alucinantes, en los que asoma el alma del poeta, donde Iván Miura nos descubre su mundo interior, su realidad existencial, sus preferencias, pero hay en ese cosmos del poeta una constante, presente más allá de la abstracción, es la “soledad”, asumida como algo inherente de su vida, de ahí que sus “cartas a nadie” adquieran sentido, son una alegoría de esa condición tangible.
Las cartas que nunca llegarán, están dirigidas a los personajes de sus añoranzas, y sobre esta particularidad, Hamlet Bodden en su condición de dramaturgista adapta las misivas y construye un discurso escénico que se convierte en ritual fascinante, donde la movilidad constante, las estereotipias definidas de los actores, el canto y las letanías corales, dan sustancia a la puesta en escena y demanda de los actores plurales recursos de actuación.
Todo este esquema pletórico de creatividad es proyectado en su justa dimensión semántica, por los actores que intervienen, siendo la escogencia de éstos un acierto del Hamlet Bodden, director. La música con aires melancólicos va llenando la escena, inicia el ritual con una presencia, más símbolo que personaje, es “La Soledad” especie de hilo conductor, que marca la inexorabilidad del tiempo.
La actriz María Del Mar logra una estupenda actuación que se decanta en las partes “cantadas” deliberadamente atonales.
Otro personaje recreado es el “Cartero de la Esperanza”, quien no sabe el destino de las cartas y su tribulación la expresa a través de la belleza del movimiento continuo, que María Emilia García con gran dosis de dramatismo, convierte en una sensible danza febril.
Dos personajes protagónicos, “El Poeta” autor de las entrañables “cartas” y “El Pintor”, destinatario, son interpretados por Samuel Esteban y Alejandro Durán, respectivamente. El amor real, más allá de lo convencional, es el motivo de las cartas que nunca llegarán, ¿o sí? La figura imponente de Alejandro Durán, la libre efusión de su cuerpo exquisitamente maleable produce momentos de gran lirismo.
Samuel Esteban, desde su maquinilla -símbolo referente- proyecta al apasionado bardo. La libertad creativa de Bodden propicia el encuentro de estos dos personajes, la escena se torna entrañable, se convierte en una metáfora sumamente apasionante.
La poética de la soledad se materializa en “Los seres de la soledad”, proyectados con deliberada expresión por los actores Alexis Luciano e Isen Ravelo. Pero a pesar de la soledad se abre un resquicio, aparecen intermitentes “Los seres de la esperanza” encarnados por Estéfany Vásquez y Charlene Blanco.
Como resultado de la concepción semiológica de la puesta en escena, la escenografía creada por el artista José Miura, se adhiere a la movilidad constante, elemento vital del ritual.
La iluminación, diseño de Bienvenido Miranda y la música escogida apropiada, son elementos que enriquecen la propuesta escénica.
La buena organización sintagmática lograda por Hamlet Bodden en esta producción, tiene como resultante una representación bien lograda.
El clímax se produce justo al final de “Cartas a nadie”. La escena concurrente es un poema visual, digno de los poemas de Miura.


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