Cartas al director

Señor director:

Una investigación sobre las causas del deceso de nuestro Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, nos llevó hasta su hogar, donde fuimos recibidos por don Antonio y su amable esposa.

Con el desprendimiento y generosidad que le caracterizaban, dio rienda suelta a su vena de maestro e historiador, transportándonos a esa última etapa de la vida del primer dominicano, de la cual nos suministró datos valiosísimos, producto de sus investigaciones y de sus viajes a la República de Venezuela.

Gracias a esas investigaciones y al contacto que hizo con los descendientes de Juan Pablo Duarte en Caracas, don Antonio tuvo la suerte de localizar, el 18 de Julio de 1976, en la Oficina de Registros del Cementerio General del Sur de Caracas, en el Primer Libro Registro de Enterramientos, Folio 2 vuelta, la transcripción de su “Papeleta de Inhumación”. En dicha acta, autorizada por el actuario de la Jefatura Civil del Municipio de Santa Rosalía, J. B, Ochoa, consta que el occiso falleció a las 3:00 A. M. el día 15 de julio de 1876 de “Tisis Pulmonar”, de conformidad con el certificado médico legal del Dr. Federico Tejera. Según el informe del mismo don Antonio, él tenía el presentimiento de encontrar algo importante sobre Duarte en ese viaje, y lo logró a sólo cinco meses del centenario de su muerte.

De acuerdo con los historiadores Dr. Vetillo Alfau Durán y el Lic. Pedro Troncoso Sánchez, dicha Acta es la “única Prueba Documental” de la causa del deceso de Duarte. La Tisis Pulmonar, o Tuberculosis, enfermedad incurable para la época, cegó la vida del forjador de la dominicanidad a los 63 años.

Don Antonio fue un personaje multifacético: entre otras cosas, fue médico, historiador, poeta, periodista, deportista y empresario. Patriota de corazón, fue miembro fundador y directivo del Instituto Duartiano, ocupando su presidencia en tres períodos. No obstante, más que sus dotes intelectuales, impresionaba en él su caballerosidad, su integridad, su fe, su sensibilidad, su deseo de compartir. Era, sin lugar a dudas, un ser humano auténtico. Es evidente que don Antonio descubrió que la verdadera felicidad está en dar, más que en recibir.

En una época en la que nos agobia el materialismo, la inversión de valores y la falta de sentido de dominicanidad, rindamos homenaje póstumo a los héroes silentes como don Antonio, quienes pasan por la vida dejando su legado de paz, entrega y amor patrio. Sigamos su ejemplo.

Atentamente,

María Taulé de Contreras


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