Causales del proyecto de nación pendiente

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Juan Pablo Duarte sufrió y murió sin alcanzar el proyecto de nación. La misma suerte corrió con Francisco Espaillat. Tampoco lo vieron Luperón, Hostos, ni los Henríquez. Juan Francisco Bonó se respondía a sí mismo diciendo: “los dominicanos individualmente piensan bien, pero cuando se agrupan piensan y actúan mal”. Es decir, reparten, cogen, se adueñan, le sale la mala maña y vuelven a las mismas prácticas. Juan Bosch no pudo poner en práctica su Constitución ni el proyecto de nación pendiente de Duarte. Han pasado más de dos siglos y los dominicanos seguimos de forma recurrente repitiendo los mismos patrones de conducta y las mismas patologías maquiavélicas; sorteando y volviendo a los viejos hábitos, que le dieron resultados a Tomás Bobadilla, a Báez, Lilís, Trujillo y Balaguer. Cada uno en circunstancias diferentes, pero aplicaron el mismo método: dividir, comprar, pagar favores, intimar, corromper, desacreditar, usar el hombre gris que le hacía el trabajo sucio y le ponía en fila a sus enemigos. Pero en cada proceso, el país esperaba el proyecto de nación pendiente.
Desde la Primera República, la falta de identidad, las ideas colonialistas y la vocación conservadora, populista y dictatorial impidió que se pudiera construir un país de vocación y estructura democrática, liberal, de respeto a la ley, al patrimonio público, a la dignidad del ser humano, a la convivencia pacífica, a la cohesión, la equidad y la distribución de la riqueza para que las personas puedan ser libres, honrados, hacedores de hacer lo correcto, y temerosos de la ley, de Dios, de la sociedad, debido a la existencia de un sistema de consecuencias. Espaillat abolió la pena de muerte, creyó en la ley, la educación, pero apenas duró siete meses, al igual que Bosch. Me he ocupado y he escrito sobre las creencias y el comportamiento de la sociedad; he reflexionando cómo la República Dominicana está desde hace siglos atrapada en una patología social que le impide organizarse para parir, organizar y defender el proyecto de nación. Bosch argumentaba la ausencia de una burguesía con conciencia de clase y a la pobreza estructural, más, a la arritmia histórica de tantos años de dictaduras que imposibilitan que los dominicanos puedan organizar un proyecto de nación duradero, sostenible, que pueda crear una democracia fuerte, estable, donde se sientan representados todos los dominicanos.
Hoy nos encontramos en el mismo círculo, recurriendo a las viejas prácticas, y a los mismos métodos: la sociedad dividida, cada sector o grupo buscando ventajas, con debilidades institucionales, con una ley de salud desigual e inhumana, sin seguridad social, sin vida digna y sin vejez garantizada; preñados de impunidad, corrupción, clientelismo, populismo, y el mismo “dejar hacer y el dejar pasar” que Buenaventura Báez, enseño y practicó por varios años. No existe una clase dominante, ni oligarquía, ni empresarial, ni sistema financiero que exija al sistema político por una democracia fuerte, transparente y respeto a la ley. La sociedad civil, los profesionales y los sectores públicos y privados en cada espacio, representado en instituciones, saben, se olfatean y hablan, de un país que va mal, donde la distribución de la riqueza es injusta y desigual; pero parecemos un país de cómplices que nada nos importa, más que resolver cada quien su problema de forma personal, o de grupo, o de familia; pero nunca de forma colectiva. En un proyecto de nación, todos los sectores sociales se comprometen en la distribución del 5% a la salud, 5 o 6% a la educación, inversión al desarrollo social, a la seguridad, al bienestar y la calidad de vida; a respetar la ley y penalizar al que la viole. Así como excluir el que caiga en actos dolosos contra el bien público, y no pueda ocupar un puesto público o participar en partidos políticos. Cada dominicano sano, bien intencionado y de espíritu democrático, se le imposibilita llegar o mantenerse, pero tampoco han podido construir o dejar un legado a sus generaciones futura del proyecto de nación que otros países lo han alcanzado por las vías democráticas, con espíritu liberal y con justicia social. Repito, los dominicanos o tenemos miedo al proyecto de nación, o la patología social no impide pensar y actuar hacia el bien común, pensando en los demás, y apegado en hacer lo correcto, para crear una sociedad en valores, equitativa, de bienestar y con desarrollo humano.


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