Cerebro y alfabetización o el Cerebro alfabetizado -IIE

02_07_2016 HOY_SABADO_020716_ Opinión10 A

El habla es una actividad lingüística natural y como tal se aprende de manera involuntaria. Ninguna persona “decide” aprender a hablar la llamada lengua materna. Forma parte de su desarrollo biológico normal. Grosso modo, a los seis años, la niña y el niño ya saben hablar la lengua (o las lenguas) que se use(n) en la comunidad en que vive. (Cuetos, 2008; Cuetos y Valle, 1988; Cuetos y otros, 2011; Ponce y Ferrando, 2000; Chávez y Ortiz, 2008).
Cuetos (1990), afirma que escritura y lectura son dos procesos independientes por cuanto, en el proceso de su realización, no coinciden en las dos vías o “rutas” de que dispone nuestro sistema cognitivo para acceder a la pronunciación (lectura) y a la forma gráfica (escritura) de las palabras: tanto la lectura como la escritura se llevan a cabo mediante una ruta visual o directa o léxica, que implica la regla de conversión de grafemas en fonemas, y mediante una ruta indirecta o fonológica, que procede aplicando la regla contraria porque convierte los fonemas en grafemas. Para justificar la independencia de ambas habilidades en su procesamiento fisiológico, Cuetos refiere varios estudios que han permitido revelar que niños normales fallan al escribir letras que antes habían leído adecuadamente y también han fallado al leer letras que antes habían escrito con toda normalidad. Se toman estos resultados como indicio claro de que no existe una correspondencia biunívoca entre los dos aprendizajes, que no se utilizan los mismos mecanismos para la conversión fonema-grafema y grafema-fonema, respectivamente. Y, en efecto, son muchos los casos de personas que exhiben mejor dominio de la escritura que de la lectura y viceversa. El desarrollo y progreso de uno no implica lo mismo en el otro. Se trata de dos procedimientos gobernados por mecanismos mentales diferentes.
Cuáles zonas o regiones del cerebro utilizan niñas y niños para aprender a escribir?
El proceso de aprendizaje y ejercicio de la escritura requiere de la participación de numerosas áreas de la corteza cerebral y de la actividad muscular, sin contar el papel esencial que juegan los enclaves cognitivos e intelectivos del cerebro. El uso de la mano (izquierda o derecha) es una de las actividades que mayor esfuerzo demanda de la corteza cerebral
Podemos tener una idea bastante clara del gran esfuerzo que hace el cerebro para aprender a escribir y para seguir escribiendo una vez que aprendemos si la representación de la mano en la corteza cerebral en el conocido Homúnculo de Penfield. Éste ilustra las desproporciones que existen en el cerebro con partes del cuerpo como las manos, así como el rostro y los labios, con relación a las demás partes del cuerpo humano, tanto en su presentación motora como en la sensitiva.
La teoría conexionista establece que existe una estrecha relación de la escritura con varias cortezas cerebrales. Es incuestionable el hecho de que la escritura es el resultado de las conexiones que se dan en una buena cantidad de áreas del cerebro que tienen una indudable participación de las cortezas asociativas tanto motoras como sensitivas. Esas cortezas son:
1) Cortezas de asociación: se encuentran en las proximidades de las principales áreas sensoriales en conexión funcional con la visión, la audición y el gusto. La información llega a las áreas sensoriales y se analiza en la corteza de los tres lóbulos sensoriales. Se trata de la parte anterior del lóbulo temporal y el área correspondiente a la memoria visual, relacionadas con el pensamiento y la memoria, necesarios en el acto de la escritura. Los engramas o huellas de la memoria, que se van estableciendo con el tiempo, constituyen las bases del aprendizaje a nivel intelectual.
2) Corteza Frontal: desempeña una función muy importante en aspectos específicos como la acción motora, el juicio y la previsión. Aquí se destacan cuatro zonas relevantes del lóbulo frontal que participación en el proceso de la escritura. Son ellas:
-Corteza motora primaria: ubicada en el lóbulo frontal, posee una porción muy grande dedicada a los movimientos de los músculos de la mano, imprescindibles para la destreza manual que exige la escritura.


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