Choque de trenes

EDUARDO KLINGER PEVIDA.
EDUARDO KLINGER PEVIDA.

La crisis Estados Unidos – China es el choque de las dos potencias más poderosas del mundo discutiéndose el liderazgo global, aunque las dos, inevitablemente, tendrán que compartir influencias. Sin embargo, el punto crucial se centra en que en Washington hay sectores, en la “diestra y la siniestra”, que no conciben que se esté quedando atrás una etapa en la que los Estados Unidos ponían y disponían del quehacer mundial sin que nadie osase, y pudiese, hacerle competencia. No se percatan de que la proyección mundial de una potencia como China no lo detiene nadie. Que uno u otro caigan en la trampa estratégica de creerse con capacidad para acorralar y humillar al otro es extraordinariamente peligroso. China, la nueva potencia, con profunda vocación de liderazgo, nunca va a aceptar un trato y resultado que la deje mal parada. Si así lo hiciese vería esfumarse el rol estratégico en la problemática global que ya ha alcanzado. EE.UU. ha visualizado el tremendo ímpetu y capacidad china para desplegar un manto universal de influencia y preponderancia y quiere atajar el avance. El liderazgo chino ha comprendido que el eje del conflicto no es lo comercial y que lo que se busca es minimizar al país y reducir su expansión. Así las cosas es inevitable el choque de trenes.
En los 80 del pasado siglo en Estados Unidos afloró el síndrome comercial japonés debido a un enorme déficit comercial con esa potencia asiática. El gobierno norteamericano logró imponer a Tokio que se autoimpusiese reducciones de exportaciones hacia Estados Unidos para intentar nivelar la balanza. Se logró en algunos rublos como en autos pero el monto total del déficit siguió expandiéndose. Con Beijing no va a ser posible, con el inconveniente de que muchas de sus exportaciones provienen de firmas estadounidenses asentadas en territorio chino – lo que no perdonan sectores recalcitrantes de uno u otro bando -. Es desfasado creer que un ataque al sector exportador chino puede ser devastador. Desde la crisis del 2008 el comportamiento del PIB chino depende menos de su comercio exterior y más del consumo interno – el consumo es también el motor de la economía norteamericana -. Además, hoy por hoy, por voluminosa que son sus ventas a Estados Unidos estas son menos importantes que las que coloca en el área Indo – Pacifico.

No hay dudas de que Beijing tendrá que introducir reformas en sus tácticas comerciales, una crisis no se resuelve sin que las dos partes hagan concesiones. Decir, como acaba decir Trump, que la expansión china va a fracasar porque tiene “problemas de deuda” es desconocer que se trata de una nación con las más voluminosas reservas internacionales que país alguno haya poseído jamás. Con la tradicional calma asiática los chinos siguen extendiendo rieles por doquier. Lo sensato para Estados Unidos, y para la humanidad, es montarse en el tren de la ruta y juntos construir un mejor y más próspero mundo y evitar un choque devastador para todos, aunque los misiles sean solo económicos – comerciales.