Clamando para una globalización más justa

La economía de mercado global ha puesto de manifiesto una gran capacidad productiva que, gestionada con acierto, puede lograr progresos sustanciales sin precedentes para el mundo de hoy, crear empresas más productivas y contribuir de manera importante a la lucha contra la pobreza en el mundo.

Sin embargo, de manera paradójica, el actual proceso de globalización está produciendo resultados desiguales entre los países.

Es decir se está creando riqueza, pero son demasiados las personas y los países que no participan de estos beneficios, y a los que apenas se les tiene en cuenta, o se ignoran totalmente a la hora de configurar las políticas de este proceso.

Para una gran mayoría de mujeres y hombres la globalización no ha sido capaz de satisfacer sus aspiraciones más elementales y legítimas de lograr un trabajo decente y un futuro mejor para sus hijos.

Muchos de ellos viven en el limbo de la economía informal, sin derechos reconocidos y en países pobres que subsisten de forma precaria y al margen de la economía global.

Incluso en los países con buenos resultados ecnómicos hay trabajadores y comunidades que se han visto perjudicados por la globalización.

Entre tanto, la revolución de las comunicaciones globales acentúa la conciencia de que esas disparidades existen.

[b]Las recomendaciones[/b]

Existen recomendaciones para hacer de la globalización un proceso más exitoso, y entre las más importantes se destacan:

1- Las normas y políticas globales en materia de comercio deben dejar un mayor margen de autonomía a los países en desarrollo para que elaboren sus propias políticas. Esto es fundamental para que los acuerdos institucionales se adapten lo más posible al nivel de desarrollo y a las circunstancias específicas de dichos países.

2- Se deben revisar las reglas de origen en vigor que restringen innecesariamente la política para acelerar el crecimiento agrícola y la industrialización y preservar la estabilidad financiera y económica de los pueblos subdesarrollados.

3- Las políticas de las organizaciones internacionales y de los países donantes deben asimismo evitar de manera más decidida los condicionantes externos y propiciar el control nacional de las mismas.

En ese sentido, se han de reforzar las disposiciones relativas a la adopción de medidas positivas en favor de los países que no dispongan de las mismas capacidades que aquellos que ya se hn desarrollado.

4- Unas normas equitativas que rijan los flujos comerciales y de capital tienen que completarse con normas para la circulación transfronteriza de las personas.

5- Necesidad de imponer nuevas normas en materia de inversiones extranjeras directas (IED) y de competencia. Un marco multilateral para estas inversiones que sea equilibrado, propicie el desarrollo y haya sido negociado en un foro internacionalmente aceptado, el cual beneficiará a todos los países, ya que favorecerá el aumento de los flujos de inversión directa y limitará los problemas ligados a la competencia en materia de incentivos, que reducen los beneficios derivados de dichos flujos.

[b]Comercio[/b]

También, el sistema de comercio multilateral debería reducir de forma sustancial las barreras injustas que impiden el acceso a los mercados de ciertas mercancías que presentan una ventaja comparativa para los países en desarrollo, y más concretamente en lo concerniente a los artículos textiles, de confección y los productos agrícolas.

Al realizar esta acción debería establecerse un trato especial y diferenciado para salvaguardar los intereses de los países menos desarrollados y propiciar sus posibilidades de exportar.

Además, es necesario adoptar medidas más firmes para garantizar el respeto de las normas fundamentales del trabajo en las zonas francas industriales y de manera general, en los sitemas de producción global.

Para lograr este fin todas las instituciones internacionales competentes deberían asumir la parte que les corresponde en la promoción de estas normas y asegurarse que ningún aspecto de sus políticas se oponga a la aplicación de esos derechos.

También debe aceptarse sin reservas un nivel mínimo de protección social para los individuos y las familias como parte del fundamento socioeconómico de la economía global, incluida la asistencia a los trabajadores desplazados por razones de reajustes. Los donantes y las instituciones financieras deberían contribuir al fortalecimiento de los sistemas de protección social en los países en desarrollo.