¿Cómo logramos que sean triunfadores?

Criar y formar hijos triunfadores y asegurarnos de que logren el éxito no es nada fácil. Se requiere paciencia, perseverancia, dedicación y la confianza de que todos los esfuerzos valdrán la pena cuando finalmente veamos que nuestros hijos hacen real su potencial.

Los padres estimulamos sus talentos y trabajamos para mejorar sus necesidadespor lo menos una vez al día, y esto les da sentido de pertenencia, estructura y organización. Se sabe que una familia que come unida de manera regular les da fuerza a sus hijos y estos a su vez, crecen viendo el ejemplo de unospadres productivos y cumplidores de un deber.

Todos hemos tenido que esperar en algún momento de nuestras vidas, para obtener algún tipo de gratificación. Definitivamente no es de inmediato, y tenemos que ganarnos los privilegios poco a poco. Esto mismo debemos transmitirles a nuestros hijos, para que desarrollen resistencia y resiliencia.

Hay puntos claves que debemos tener presente: Los padres debemos enseñarles de manera explícita el sentido de la lealtad, ya fuese a la familia o a los amigos. Esto después se ve en la lealtad que desarrollan hacia la empresa, y la lealtad trae consigo el trabajo en equipo y la colaboración con otros. Pero démosle también la posibilidad de viajar en la medida de nuestras posibilidades, para desarrollarles una mayor flexibilidad y tolerancia hacia los demás y sus costumbres. Esto les permite en la adultez, adaptarse fácilmente a cualquier ambiente. Y muy importante, permitámosles cometer errores y aprender de estos. No se les debe proteger tanto; por el contrario, les debemos permitir que aprendan de sus errores y se fortalezcan.
Una de las mejores herramientas que les podemos dar para triunfar es la autonomía. Nosotros podemos fomentar la independencia de nuestros hijos desde su infancia. Es recomendable asignarles ciertas tareas que vayan acorde con las capacidades de su edad. No olvidemos tomarnos el tiempo necesario para enseñarle la forma idónea para resolver sus dificultades. Impulsémoslos siempre a alcanzar sus objetivos.
Según estuve viendo, un estudio realizado por investigadores de la PSU y la Universidad de Duke demostró que los niños que mostraron la capacidad de cooperar y ayudar a sus compañeros, así como entender sus emociones y resolver sus propios problemas, eran más propensos a experimentar el éxito a medida que crecían como adultos que en los niños que no exhibieron estas habilidades sociales. Los niños a los que no se les enseñaron habilidades tales como la cooperación y la paciencia también tenían más probabilidades de terminar encarcelados o abusar del alcohol y de las drogas.
Como padre o madre, nos esforzamos siempre en darle lo mejor a la familia. Sin embargo, Dios desea darles a nuestros hijos un regalo muy especial: tener una relación con él. La buena noticia es que está en nuestras manos el orientar a los hijos hacia Dios, ya que la familia es el lugar ideal para educar en la fe. Es fundamental que impulsemos a nuestros hijos a creer en que existe alguien superior que los creó. Fomentemos la gratitud en su corazón, ya que esto ayudará a que valore y sea más consciente de todas las bendiciones que tiene en su vida.
Busquemos que nuestros hijos tengan un encuentro personal con Dios. Esta fe será su fuerza y les dará la esperanza necesaria para los momentos difíciles que pueda atravesar a lo largo de sus vidas.
Si los padres fomentamos una relación afectuosa y cariñosa con los hijos, sentamos las bases sobre las que una vida exitosa puede ser construida. Construyendo una sólida relación con los hijos, los padres podemos empezar a enseñarles las habilidades sociales y de vida necesarias para tener éxito.
También podemos maximizar el potencial de los hijos estableciendo expectativas altas desde el principio para asegurar que tengan una ventaja en la vida. Finalmente, estando allí para celebrar los logros de nuestros hijos, los padres podemos inculcar en ellos la idea de que la recompensa por el trabajo duro es la sensación de éxito que viene después de haber alcanzado una meta específica.
la autora es Psicóloga Clínica


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