¿Cómo se contagió mi niño con tuberculosis?

Por GEORGINA PEREZ CAIRO - Especial para SALUD/HOY
23 noviembre, 2003 2:30 am Sé el primero en comentar
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El niño es una víctima de la tuberculosis: no la transmite, pero la inmadurez de su sistema inmunitario hace que sea fácilmente contagiado por los adultos enfermos que le rodean.

La tuberculosis es una enfermedad infecto contagiosa, conocida desde la antigüedad. Hay evidencias de que momias egipcias (3,700 años AC) tenían lesiones tuberculosas en los huesos. Sin embargo, no puede considerarse a la tuberculosis como una enfermedad del pasado, pues hoy día mueren más de tres millones de personas por año en el mundo por su causa.

En los tiempos prehistóricos era una enfermedad propia de los animales y estos la transmitieron al hombre cuando deja de ser nómada, se hace sedentario y empieza a domesticar animales: es en este momento que se considera el inicio de la transmisión desde los animales al hombre.

Cuando los poblados se hacen más densos, por ejemplo, durante la época feudal en Europa occidental, las condiciones se tornan propicias para el contagio y la enfermedad se extiende, desarrollándose lo que se llamó ” la peste blanca”, en alusión a la característica palidez de los enfermos cuando morían.

En esas condiciones fue considerada una enfermedad social que “marcaba” la familia en la cual se diagnosticaba un caso, lo cual originó que lo ocultaran y se aislaran de los demás miembros de la sociedad, contribuyendo así a propagar la enfermedad entre sus miembros. En oportunidades morían familias completas.

La tuberculosis se constituyó así en la enfermedad que más muertes ha costado a la humanidad.

En 1882, Robert Koch descubre el bacilo que produce la tuberculosis, y con esto se inicia un período de progreso en su conocimiento. En el Siglo XX se desarrollan los primeros medicamentos capaces de curar la enfermedad, y el progreso es tal que para mediados de siglo se consideró una enfermedad controlada, sobre todo en los países desarrollados.

En la década de los 80, con el inicio de la epidemia del SIDA, ambas enfermedades se asocian y esto favorece el resurgimiento de la tuberculosis, ya que las personas con compromiso del sistema inmunológico tienen mayor riesgo de contraerla.

En los países del tercer mundo la situación de control nunca fue excelente: siempre estuvo presente en mayor medida como reflejo de bajos controles sanitarios. La asociación con el SIDA disparó la situación a niveles alarmantes, llamando la atención de las instituciones internacionales que trabajan con estas enfermedades y se destinaron cuantiosos recursos con el fin de establecer medidas efectivas para su control.

[b]MEDIDAS DE CONTROL[/b]

Entre las medidas de control más simples que podemos implementar está la identificación del paciente enfermo con tuberculosis, es decir, el adulto que tose por más de 15 días, quien debe visitar al médico a fin de examinarlo y diagnosticar su enfermedad.

Es el paciente adulto con tuberculosis quien contagia a las personas que lo rodean; entre estos, los niños son los más afectados. El adulto tosedor va eliminando desde sus pulmones aire cargado de bacilos tuberculosos, los cuales se quedan suspendidos en el aire y son respirados por las personas que están cerca.

Si las condiciones son favorables para el bacilo, es decir las defensas del nuevo organismo no son buenas, se desarrolla la enfermedad en el nuevo huésped.

Cuando se ha diagnosticado tuberculosis en un individuo y se inicia el tratamiento correcto, en dos semanas deja de ser contagioso, de ahí que buscar activamente al paciente enfermo y tratarlo constituya la mejor medida de control epidemiológico, con la cual se rompe la cadena de transmisión.

Ante un niño con tuberculosis estamos obligados a buscar el adulto que lo contagió y tratarlo, pues centrar la atención en el niño deja abierta la posibilidad de contagio para otras personas.

La tuberculosis es una enfermedad que una vez diagnosticada, si recibe tratamiento correctamente, se cura, permitiendo que el enfermo se mantenga integrado a la sociedad y realizando sus actividades normales.

La recomendación fundamental es que cuando nos afecte un proceso de tos por más de 15 días, pérdida de peso sin razón aparente, sensación de fiebre o malestar en las tardes, sudoración abundante por las noches, debilidad o cansancio, acudir al médico, porque estos son los síntomas más frecuentes de la enfermedad.

Georgina Pérez Cairo es pediatra neumóloga

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