Compran dos manuscritos de Borges

GINEBRA. AFP.  Dos raros manuscritos autógrafos de Jorge Luis Borges fueron adquiridos ayer por la fundación Martin Bodmer cerca de la ciudad de Ginebra, donde murió el escritor argentino: “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, y un cuaderno de escolar con tres ensayos literarios.   “Hoy hemos adquirido un manuscrito mítico”, declaró entusiasmado el profesor Charles Mela, director de la Fundación, al presentar las 26 páginas de “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius”, un texto del libro “Ficciones” publicado en 1940.   Es en este cuento en el que Borges lanza su célebre anatema sobre los espejos.

Allí Borges escribió que “descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres”.

La Fundación compró también un cuaderno de escolar que contiene tres ensayos literarios. Estos documentos, por los que pagó 240,000 euros, se añaden a otro manuscrito de Borges que ya posee la fundación Martin Bodmer, “El Sur”.

Los manuscritos comprados pertenecían hasta hace poco a un célebre anticuario de Buenos Aires, Víctor Aizenman, ex director de una revista literaria en la que Borges, que quedó ciego en 1965, había publicado algunos textos.

Borges siguió no obstante escribiendo hasta la víspera de su muerte en 1986, dictando en un comienzo sus textos a su madre y luego a su asistente María Kodama, quien pese a haberse convertido en su segunda esposa sólo posee un manuscrito importante.

Tres semanas antes de expirar, el 14 de junio de 1986, Borges dictó su último texto, el prefacio para un “Libro de sus libros”, una antología en la célebre colección francesa de la Pleiade.

La Biblioteca Nacional de Madrid posee otra obra importante, el manuscrito de la célebre obra “El Aleph”, mientras que coleccionistas argentinos conservan los otros textos que subsisten. 

Los manuscritos de Borges, redactados con tinta negra y una letra fina y precisa en cuadernos de contabilidad con márgenes, cuentan “las etapas muchas veces ignoradas de la creación”, como lo describe la Fundación Bodmer. “Se aprecia la respiración del autor, los desvíos de sus arrepentimientos”, según los coleccionistas. 


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