Con la China en el horizonte

República Dominicana marcha con decisión por la ruta escogida de crear nexos de ancha gama con China Popular más allá de los contactos sin reconocimiento diplomático que mantenían hasta hace poco. La geopolítica de un Pekín lanzado a ampliar su influencia sobre América Latina crea oportunidades para abrirse beneficiosamente hacia el sobresaliente mercado asiático de consumo y exportaciones, de favorables perspectivas para el turismo y de atracción de inversiones, las que el coloso asiático tiende a desplazar. La visita oficial en marcha a Pekín del Presidente Danilo Médina y su especial comitiva está llena de significación. El país ha optado por ir de lleno, en línea con la globalización, hacia unas relaciones internacionales más plurales.
Menos sujetas a ejes occidentales, aun cuando el intercambio con el mundo cercano está llamado a permanecer en el marco de una interdependencia con ventajas comparativas nada despreciables con la primera potencia mundial de gran peso económico y político. Una diversidad de intereses derivados de las emigraciones criollas hacia el Norte y Europa que impulsaron una presencia ultramarina de la dominicanidad como fuente de remesas justifican nexos de permanencia en estas latitudes a más de que, efectivamente, República Dominicana pertenece a tradiciones democráticas y valores culturales del hemisferio en el que está enclavada.

Paraíso de los sueldos grandes

El país está quedando ante los ojos de organismos multilaterales de fines desarrollistas como dotado de altos funcionarios, turpenes de la política, que incurren en la desmesura de agenciarse sueldos pagados por los contribuyentes que van más allá de lo razonable y en ocasiones superan a los que las naciones de mayor desarrollo permiten a sus cúpulas burocráticas.

Aun existiendo límites legales contra el exceso de remuneración, aquí se da la espalda a la realidad de que el Estado depende de endeudamientos por unas insuficiencias que deberían motivar austeridad, No ha habido forma de suprimir las distorsiones de sueldos en organismos públicos y entidades descentralizadas. El criterio político basado en una cultura que favorece los privilegios sigue imponiéndose en contra de la buena imagen del país.