Conciertos de la Villa noche majestuosa en el convento

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Nuestra Ciudad Primada, Santo Domingo, ha sido el escenario para la presentación de los llamados “Conciertos de la Villa”, iniciativa de la gestora cultural Yolanda Borrás.

Pero este Festival 2017 va más allá de los conciertos en los templos coloniales, y se desborda a sus calles y ruinas, ofreciendo actividades como charlas, a cargo de distinguidos profesionales como Margarita Miranda de Mitrov, María Teresa Ruiz de Catrain y el propio director musical del Festival, John Thomas Dodson, y para los estudiantes, algo verdaderamente importante, se imparten conciertos educativos, talleres, clases magistrales y presentaciones de carácter folclórico como “Los tambores de Santa Bárbara”, en la plaza de la emblemática iglesia; como atractivo adicional el “Zoológico musical”, ofrece a los visitantes en el “Chuchu tren”, un periplo fascinante, por las calles de “La Villa” que permite admirar los monumentos de la otrora Ciudad Ovandina.
Los conciertos en los templos son ofrecidos por la “Camerata Colonial”, pequeña orquesta integrada por músicos dominicanos y de los Estados Unidos, pertenecientes a prestigiosas instituciones musicales de ese país, conducidos por el prestigioso director John Thomas Dodson.
El primer concierto, “El Arte del Virtuosismo”, exclusivo para los patrocinadores, se realizó en el entrañable recinto de las cuatro veces centenaria iglesia conventual de Regina Angelorum.
En el histórico Convento de los Dominicos, tuvo lugar el segundo Concierto de la Villa, apropiadamente llamado “Noche Majestuosa en el Convento”. La noche musical inicia con Música Acuática Suite No.2 en Re mayor, HWV 349 de Georg Friedrich Haendel.
Los hermosos movimientos, alternando lentos y vivaces, el “Allegro” es festivo salpicado de detalles líricos, con el protagonismo de las trompetas y oboes.
El “Lentement”, es de gran delicadeza; la Suite incluye danzas: “Alla Hornpipe” danza inglesa muy popular, en la época del barroco, con tema sincopado de fanfarria. Luego “Minuet” y en el Bourée se decanta el suave sonido de los metales y el oboe. La Camerata equilibrada produce sonidos sublimes, cada movimiento preciso es pautado por el Director Thomas Dodson.
El bellísimo concierto No.5 para violín, en La mayor, K 219, de Amadeus Mozart, está enmarcado en la tradición de concierto de cámara clásico, por lo que resulta muy oportuno; el solista es el destacado violinista Kurt Nikkanen. En el “Allegro aperto – Adagio-” los instrumentos cantan apasionadamente, un grandioso ímpetu domina el movimiento.
El solo breve del violín independiente de la exposición orquestal, llega con el dulce “Adagio” interpretado con profundo sentimiento. De impresionante lirismo, es el segundo movimiento “Adagio” compuesto de melodías de maravillosa dulzura, que ofrece al solista oportunidad de lucimiento dando muestra de una técnica impecable.
El último movimiento inicia como “Minué”, luego en forma de rondó, es un episodio inspirado en la música turca, por lo que este concierto se le conoce, como “Concierto Turco”; Nikkanen en su mejor momento, muestra su condición de virtuoso del violín. El público congregado en la amplia nave central, rompe la atmósfera de recogimiento propia del templo, y aplaude y vitorea al gran solista.
Con el espíritu lleno de gozo y emoción, la nutrida concurrencia de nuevo se deleita al escuchar la Sinfonía No. 70 de Joseph Haydn. Compuesta de cuatro movimientos en la misma tónica, la obra es homotonal. Cada movimiento contiene frases pletóricas de gozo. Imbuidos de ese estado de satisfacción, el auditorio ovaciona al excelente director y a la orquesta, convencidos de haber vivido una noche musical espléndida.


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