Construcción del elevado, el inicio del desorden de la avenida París

El Corredor Duarte “afectó la calidad de vida” del sector, según Barinas. Foto/ Napoleón Marte
El Corredor Duarte “afectó la calidad de vida” del sector, según Barinas. Foto/ Napoleón Marte

El desorden de la avenida París se inició en la sindicatura de Rafael Suberví Bonilla con la construcción del elevado y se incrementó en el Gobierno de Leonel Fernández Reyna con el Corredor Duarte, que aumentó “la cantidad de la extensión horizontal de la ciudad, provocando que sectores informales de intercambio de transporte crecieran inmensamente. De ahí se deriva el actual caos”.
La opinión es del arquitecto, planificador urbano y catedrático universitario Marcos Barinas Uribe, quien considera que el problema de esa vía es tan grave “que puede dar al traste con todo el sistema de movilidad sostenible de la ciudad”.
El Gobierno creía entonces “que solucionando el problema de las gentes en sus carros privados resolvería el problema de la ciudad y dejó de lado que el 75 por ciento de los hogares no tiene vehículo de motor, todos andan a pie y buscan transporte público”, exclamó. La París es el punto para dirigirse a la parte Este.
“En 1998-2000, sobre todo en 1998, se completó el Corredor Duarte y en ese momento el crecimiento horizontal se duplicó y el parque vehicular se triplicó, eso no significó que las clases más numerosas, que son las que no tienen vehículo, dejaran de tomar carritos de concho, minibuses y guaguas y donde iban era a la París. El entorno empeoró con esas construcciones”, sobre cuya ineficacia advirtió “toda la comunidad de arquitectos” sin ser escuchados ni atendidos.
Para el Gobierno de Fernández Reyna, “la solución ideal fue continuar el Corredor Duarte y se sustituyó el transporte público por elevados y túneles, ignorando a los que no tienen carros privados, que son la mayoría”, repitió Barinas.
Esas obras, añade, acrecentaron la dura realidad por la que ya atravesaba la París, que es, a su juicio, “el mejor ejemplo del fracaso del modelo de planificación de la ciudad en el sentido de mejorar la transportación privada”.
Los venduteros y buhoneros van a donde transitan muchas personas, y en la París hay pasajeros permanentes. “El comercio informal creció parejo con la delincuencia, los problemas sanitarios y otros males”, razona.
El problema principal de esa calle es, según el parecer del urbanista, que no ha existido una planificación adecuada de las rutas del transporte que posibilite que ese comercio informal no “florezca” como lo ha hecho. “Si se organiza el intercambio de transporte de forma que esas terminales sean sacadas a sectores planificados fuera de la ciudad, se elimina el concho por sistemas de transportación pública organizados, eficientes, se tendría más control sobre el comercio informal y las posibilidades de desarrollar ese espacio serán mayores”, dice Barinas Uribe.
Pero sostiene que los motores, conchitos, terminales de guaguas, voladoras, “siempre van a incrementar ese comercio”.
Falta de autoridad. Es evidente que los problemas de la ciudad son consecuencia de falta de autoridad “en términos de generar políticas adecuadas de planificación. Una mala selección de una solución, como fue la del elevado, puede provocar daños irreversibles sociales, económicos y ambientales y eso es falta de autoridad”, expresó Marcos Barinas.
Critica que la municipalidad no apoyara a la junta de vecinos en sus reclamos por desalojar a los invasores de sus áreas comunes y de su calle. Pero se centra principalmente en el transporte y en la construcción de las avenidas sobre la París.
“En los años 80, antes de que se construyera el elevado, era posible solucionar el problema de la París con la participación de las comunidades y el municipio. Fue un tema de irresponsabilidad municipal, que no apoyaron a las comunidades”, indica.
Sin embargo, afirma que después de los 90, ya construido el elevado, “no era posible recuperar el carácter residencial de la París”.
Lo que podría hacerse hoy es “regular el comercio informal y mejorar el carácter comercial de la avenida. Eso se lograría trasladando las estaciones de transferencia de transporte, eliminando carros de conchos, guaguas y microbuses y recuperando el transporte público eficiente y masivo, proveer seguridad, iluminación, ampliar los pasos peatonales. Eso la podría convertir en un espacio más humano”.
Es reiterativo al culpar de los problemas de la París, y de la ciudad, al Corredor Duarte. “El sistema de elevados que se construyó allí es el elemento que más ha afectado la calidad de vida de la gente de ese sector. Fue ese elevado y fue esa autopista atravesando el centro de la ciudad, lo que posibilitó que la ciudad creciera de la manera en que lo hizo y estos sectores se convirtieron en centros de intercambio para llegar a estos lugares tan remotos”, enfatiza.

¿Volver a vivir en la París? Para Marcos Barinas “es imposible rescatar el carácter familiar. El segmento del Expreso 27 de Febrero es un área por donde atraviesa el Corredor Duarte y se transportan cientos de miles de vehículos. Ese tránsito expulsa el uso residencial”.
Opina que se puede rescatar para viviendas de calidad, a bajo costo, el entorno de la París.
“La solución del caos de la París tiene que ver con resolver el problema del transporte, si no se resuelve va a estar comprometida siempre. Hoy más que nunca la París, la 27 de Febrero, la José Martí, la Duarte, se han convertido en un problema importantísimo para solucionar el problema del transporte”, manifestó.
Barinas, quien además trabaja en soluciones urbanísticas en islas como Trinidad y Tobago, Jamaica y Guyana, aclaró que es difícil desconectar el aspecto urbano al hablar de la París. Al mismo tiempo relató parte de la historia arquitectónica reciente de esa vía a la que Joaquín Balaguer le dio continuidad dividiendo en dos el colegio San Juan Bosco. Empero, hasta ese momento, “todavía la 27 se cruzaba a pie”, señala.
“No fue sino hasta la gestión de Rafael Suberví que se decidió hacer el elevado de la 27 de Febrero, desde la Leopoldo Navarro hasta el puente Duarte. Él llegó a ejecutar parte del elevado, afectando las edificaciones del entorno”.
Miembros de la junta de vecinos declararon que Suberví los ayudó pero Barinas comenta. “Suberví fue parte del problema”.
Quizá el síndico, como el presidente Fernández, siguieron el modelo balaguerista, descrito por Barinas Uribe: “las edificaciones de Balaguer eran la respuesta que él tenía en su obsesión por construir una ciudad integrada donde no se pudiera ver la pobreza. Construía a lo largo de las grandes avenidas tapando la miseria existente a lo largo de esos ejes viales”.
Cuando se construyó el elevado de la París, “las personas vieron afectadas su calidad de vida y se redujo el valor de sus propiedades. El corredor y el elevado terminaron expulsándolas”.