CONSULTORIO DE FAMILIA

Pregunta de la lectora: Mi esposo y yo no logramos ponernos de acuerdo para corregir nuestros hijos. Llegamos a discutir delante de ellos. Cada uno de nosotros cree que tiene la razón. Leo materiales sobre disciplina. He aprendido que las pelas no resultan. Él asegura que las pelas enseñan porque fue educado así, y es un hombre de bien. ¿Cuál es el mejor método?.

Respuesta de la terapeuta: Pienso que cuando se quiere modificar la conducta de un niño, se busca que aprenda y no la vuelva a repetir. Recurrir a golpearlo genera dolor físico y emocional.

La fuerza que lleva la mano de un adulto enojado sobre el pequeño y frágil cuerpo de un niño causa daño. Cada vez que se agita la mano conlleva una carga de enojo motivado por un pensamiento que podría versar así : “para que me obedezcas”, “me hagas caso¨, “a mí no me haces eso” , “a mi se me respeta”.

El pensamiento del adulto se focaliza más en un desafío, cree que el hijo busca dañarlo, sobreponerse a él. El sentimiento de incompetencia arropa, genera frustración y sensación de desafío. Se activa el malestar ante la sensación de que el niño se está comportando mal para hacerle daño y desafiarlo.

El adulto proyecta las incompetencias y frustraciones de sí mismo, las que, además, les hacen reaccionar con enojo. Coloca sus pensamientos sobre los pensamientos del niño, y agrede.

Educar y disciplinar van de la mano. Se dirigen a modificar conductas que los padres entienden que deben cambiar. Esta es la verdadera intencionalidad. No es agredir y lastimar.

Si ambos padres entienden que la modificación implica enseñar al niño a comportarse de manera diferente, se darán cuenta que los golpes no resultan eficaces. El niño, si cambia a consecuencia de esto, lo hará como una respuesta por miedo, no porque se modeló, se estimuló un cambio en él. Es una forma de ejercer la autoridad negativa o autoritarismo, de someter a través del miedo. ¿Miedo al padre? ¿Miedo a la madre?

La educación basada en los buenos tratos no implica mostrar autoridad débil, todo lo contrario, define bien qué se espera de un niño y cuáles serán las consecuencias que tendrá si no responde.

Dar la instrucción clara y con tono que defina quién es la autoridad, hacer que cumpla en el momento lo solicitado, ayudará a que él o ella respondan adecuadamente.

Los golpes dañan y no solucionan.