CONSULTORIO DE FAMILIA

Soraya Lara

Pregunta del lector:

Estoy en una situación difícil. He tenido una amante por 8 años, tenemos 2 hijos, me gusta mucho. Tengo 28 años de casado. Tengo hijos con ella. Mi esposa y mis hijos se han enterado de todo. No sé qué decidir. Me da miedo enfrentarme a mi esposa. Ella está dispuesta a seguir conmigo y aceptar los niños. Mi madre ha aceptado tanto la esposa como la amante. Estoy confundido, no sé por quién decidirme.

Respuesta de la terapeuta: Luce que está en un conflicto de atracción-atracción. Ha sostenido las familias paralelas buscando gratificaciones en cada una. Estuvo rigiéndose por el principio del placer, sin mediar las consecuencias.

Por años estuvo saliendo airoso por las mentiras y acciones ocultas. Hoy se encuentra emplazado por ambas mujeres.

La atracción de ambas y la suya hacia ellas provoca un efecto neutro. Queda inmovilizado y no sabe por cuál decidirse.

Además, renunciar a las ganancias que tenía con ambas le costará mucho emocionalmente. El cóctel de gratificaciones mutuas resultaba excitante. Perderlas significaría un caos emocional, lo que posiblemente no quiera enfrentar.

La tolerancia y complicidad de la familia de origen no le ayudan a discriminar; no prevaleció el principio de lealtad familiar. Esto le dio entrada a la amante. No hubo un sistema familiar que le cuestionara y valorara la familia nuclear. No hubo diferencia con la familia paralela.

Renunciar a una es sufrir por la otra

No quiere perderlas. Si su esposa no acepta estar con usted más la otra familia paralela, no podrá seguir con ella. Esto también le dolerá.

Usted aún no ha pensado en el efecto y secuelas emocionales que deja en los hijos de ambas familias.

Mantener familias paralelas y dos mujeres que le atraen hace que estas queden como figuras de ganancias, dos objetos para su gratificación y placer.

En su caso decidir implica un grado de frustración. Dejar algo que le atrae mucho.

La frustración no sólo se queda ahí, está evitando asumir las consecuencias ante ambas y los hijos de las dos familias. Tendrá consecuencias que asumir.

Decidir es decidir, no hay fórmula mágica. Una vez haya decidido, tendrá que actuar en consecuencia, a sabiendas de que decidir es dar un paso para romper el nudo en el que se encuentra.

Tenga pendiente que su decisión lo encauzará hacia una relación específica.

 

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