Consultorio de Familia

Soraya Lara de Mármol

Pregunta del lector: Como psicóloga, ¿cree usted que la forma en que se manejan los casos de corrupción en nuestro país pueda tener un efecto psicológico sobre las personas? He llegado al punto de la incredulidad.

Respuesta de la terapeuta: Pasar a la incredulidad y a la desesperanza no es la mejor actitud. Se constituye en un factor de riesgo porque se pierde la capacidad de dar respuesta. Podríamos hablar de un proceso de victimización social.
Generalmente, se establece un juego sociopolítico de poder activo que se vale de un sinnúmero de estrategias para distorsionar la información, hacer creer lo poco creíble, destacar alguna noticia o hecho para desenfocar y distraer la atención.
Quizás, se llegue al punto de subir el tono de ciertos dramas humanos para sensibilizar hacia otra dirección con la intención de difuminar lo que desea ocultar.
El riesgo de permanecer pasivo y silente ante lo inadecuado, es que la situación anómala se mantenga y tome fuerza, y domine el pensamiento y modifique el estilo de vida.
La adaptación a lo inadecuado ocurre paulatinamente. El acomodamiento a la situación adversa es lenta, se van dando ajustes graduales, se acomoda la interpretación de la realidad injusta para sobrevivir. De esta manera se llega a la desesperanza.
Cuando se está en ese punto, las personas dejan de hacer cosas para reclamar, demandar y hacer suya la defensa a favor de los mejores intereses humanos.
Esta adaptación, en principio, es inconsciente. Hay un período en el que el malestar se registra, se percibe y se reacciona, pero si no hay resultados favorables y todo pasa inadvertidamente, se pasa a la desesperanza y se aprende a sentirse impotente.
La impotencia aparece cuando se deja de intentar, dado que no ha habido respuestas satisfactorias o cuando se castiga o sanciona al asumirse la defensa. Todo intento es frustrado. Así aparece la impotencia aprendida.
Pero, nos encontramos con personas, que a pesar de la impotencia, vuelven a sentir el malestar, pero esta vez, con una característica distintiva, la de asumir la defensa sin dobleces y con el reclamo de la justicia social.
Siempre se puede hacer algo para no caer en el limbo de las injusticias y la indiferencia. Cada quien puede asumir desde su espacio una voz de alerta y concienciar a los demás para que la pasividad no se convierta en una trampa.
Es valioso no renunciar a sus derechos.