Consultorio de Familia

Soraya Lara de Mármol

Pregunta del lector: Tenemos un hijo que ha sido diagnosticado como bipolar. No quiere medicarse. Es un haragán. Hace planes, dice que volverá a la universidad, que irá al gimnasio, pero no hace nada. Le peleamos, pero no nos hace caso. Se enoja y tiene reacciones iracundas cuando no hacemos lo que él quiere. ¿Qué podemos hacer?

Respuesta de la terapeuta: La bipolaridad es un trastorno del estado de ánimo. Es una enfermedad con base biológica. Se debe crear conciencia en el sentido de que si no se trata puede agravarse y su calidad de vida y sus relaciones interpersonales podrían deteriorarse.
La enfermedad es tratable. Las personas pueden funcionar adecuadamente en los aspectos social, laboral y en lo familiar.
Hay que crearle conciencia respecto a la importancia de someterse a un tratamiento y mantenerse bajo la supervisión psiquiátrica y seguir las instrucciones hasta lograr su estabilidad.
El tratamiento farmacológico y la psicoterapia son fundamentales. El psicoterapeuta le crea conciencia, le enseña sobre la enfermedad, cómo identificar los síntomas y cómo manejarlos. Además, le informa sobre las consecuencias si abandona el tratamiento.
Se estimula a la persona a hacer una lista con sus propias ideas en cuanto a qué puede por sí mismo para evitar que los síntomas se desencadenen y pase a un estado crítico. Aprenderá a darse cuenta cuáles son los métodos que funcionan.
Las personas con este trastorno no deben consumir alcohol ni ningún otro tipo de droga estimulante.
También es bueno que los padres y las parejas conozcan sobre este trastorno para que acompañen en el proceso a la persona afectada en el proceso. Conocer sobre la enfermedad ayudaría a reducir los ataques y críticas.
La percepción cambia en la medida en que hay más conocimiento, se deja de ver a una persona vaga, irresponsable, malgeniosa y, en cambio sale a relucir una persona enferma diagnosticada con un trastorno bipolar.
La mejoría podría ser más rápida. Contar con un sistema de apoyo familiar y social facilitaría la reducción eficaz de los síntomas una vez iniciado el tratamiento.
Algunos indicadores a tomar en cuenta en la fase depresiva son: pensamientos extremadamente negativos, tristeza, descontento o irritabilidad, alteraciones del sueño, del apetito, y falta de deseo sexual. En la fase maníaca se pueden apreciar autoestima desbordada, agitación o inquietud; puede gastar mucho dinero, practicar la promiscuidad sexual, conducir rápida y consumir estupefacientes.
Crear conciencia beneficia a todos.