Consultorio De Familia

Soraya Lara de Mármol

Pregunta del lector:

La mayoría del tiempo estoy de buen humor y siempre evito problemas con extraños y en el trabajo. Sin embargo, con mi pareja y mis hijos tiendo a ponerme de mal humor muy fácilmente. Cuando medito al respecto, no encuentro razón para estos arranques de cólera. ¿Algo anda mal en mí?

Respuesta de la terapeuta:

Al parecer, usted ha desarrollado la destreza de evitar conflictos fuera de su entorno familiar porque reconoce que tendría un arrebato de ira y que esto le podría traer consecuencias en el trabajo o con las personas no conocidas. Es lo que algunos autores llaman criterio de selectividad.

Se aprende a discriminar contra quien se puede expresar la ira sin sufrir las consecuencias. Si entra en conflicto con otras personas tendría que encarar la situación y las reacciones de defensa de los ofendidos.

En la familia cada quien se comporta tal como es, sin tener que presentar una imagen falsa. Además, si se conoce la vulnerabilidad de la pareja y se sabe que el y los hijos no pueden defenderse de sus explosiones, usted se mantendrá reaccionando igual. No se cambia lo que da resultado.

En primer lugar, sus hijos no pueden defenderse si son menores. Segundo, si ellos reconocen la autoridad no se atreverán a enfrentarlo para detenerlo y lograr que modifique su comportamiento. Tercero, quizás su pareja intentó defenderse o explicarle el efecto que tiene sobre ella y no obtuvo los resultados esperados.

Por lo tanto, la actitud de indefensión de su familia refuerza su conducta y usted no se ve en la imperiosa necesidad de cambiar. Además de reconocer que es iracundo, le sugiero pensar respecto a lo siguiente:

Determine desde cuándo siente ira; cada vez que explote analícelos sucesos estresantes acumulados ¿qué interpreta acerca de ellos? Revise su repertorio de afrontamiento al estrés, constante si trata de justificarse culpando a los demás de provocarlo.

Siempre tenga presente que la ira también le hace daño. Cada reacción afecta su organismo. Deténgase a sentir lo que pasa con su cuerpo cada vez que siente ira. Cierre los ojos y concéntrese en registrar los cambios en la respiración, la frecuencia cardíaca y la tensión corporal.

Además, tome en cuenta que la sensación de malestar podría durar horas y días. La situación se torna seria.

Lea acerca de la ira y cómo controlarla, sino busque ayuda.