Consultorio de Familia

Soraya Lara de Mármol

Pregunta de la lectora: Me sorprende que una madre no se percate de que su hija es abusada por su padrastro. La madre también es culpable. Algún comportamiento de la hija o del padrastro puede ese hecho. ¿Estoy en lo correcto?

Respuesta de la terapeuta: No siempre las madres se percatan de que el padre, padrastro u otro miembro de la familia abuse o viole sexualmente a una hija de ellas.
Muchas violaciones no son detectadas desde el inicio. Algunos casos son descubiertos accidentalmente, como por ejemplo si aparece una infección vaginal, un dolor fuerte, un sangrado, una consulta médica por otros motivos, o por la aparición de pesadillas que movilizan a la madre a buscar ayuda.
Algunas víctimas se retraen, se aíslan, presentan dificultades escolares, muestran comportamientos agresivos o conductas hipersexualizadas con relación a su edad. Los padres no siempre asocian estas conductas a la victimización, sino a otros problemas. Les cuesta pensar que su pareja sea capaz de cometer este tipo de crimen.
Las niñas víctimas de incesto son manipuladas por los depredadores sexuales que imponen la ley del silencio. Lo logran a través de diferentes formas, de amenazas como son: “Si se lo dices a tu mamá la mataré”, “Si dices algo le haré lo mismo a tu hermana”, “Si lo cuentas diré que fuiste tú quien me provocó o que te lo estás inventando”, “Diré que eres una mentirosa enfermiza”.
Ante estas amenazas, las niñas y las adolescentes se atemorizan y callan, les creen a sus verdugos. Las víctimas revelan que asumían el silencio para proteger a sus madres y hermanas. En otros casos, las hijas no quieren decirlo para evitarles sufrimientos a sus madres. Además, sienten vergüenza.
Culpabilizar a la madre es desviar el foco de atención, cuando debe centrarse en el daño físico y psicológico sufridos por la menor y la gravedad de la conducta del abusador.
Cada vez que se culpabiliza a una madre se le quita la responsabilidad al abusador que sí sabía cuándo y cómo hacerlo. Esperar que la madre no esté presente, conocer la vulnerabilidad de la menor y amenazar para acallarla denota su capacidad para planear y llevar a cabo el abuso.
Si no se responsabiliza y sanciona al abusador sexual de su conducta, se corre el riesgo de que sus acciones se repitan.
La responsabilidad recae sobre quien comete el hecho.