CONSULTORIO DE NUTRICIÓN

DR. JIMMY

P: ¿Por qué los alimentos de hoy no son tan nutritivos como los de ayer?

R: Desde principios del siglo XX se ha iniciado un declive nutricional inexorable de los alimentos. El paisaje agrícola ha cambiado, y la producción alimentaria también. Ayer disfrutábamos de alimentos saludables del campo; y la alternabilidad de los cultivos permitía que la tierra conservara su vientre fecundo para el buen crecimiento de los alimentos del campo. Ayer disfrutábamos del agradable sabor de una gran variedad de frutas: mango, guayaba, cítricos, guanábana, lechosa, guineo, limoncillo, tamarindo, cereza, piña, etc, etc. ¡Cómo olvidar las hortalizas nutritivas y frescas de Ana Cabrera, madre de mi hermano Juan! ¡Sí, muy frescas! Los cereales, el maíz, las leguminosas y los tubérculos eran muy nutritivos, también. ¡Desde el campo a la mesa! La leche, los huevos, las carnes de aves, reses, y hasta la de cerdo de ayer, no conocieron de hormonas ni preservantes. La ausencia de refrigeradores obligaba a consumir alimentos frescos. El paisaje agrícola ha cambiado mucho a lo largo del siglo pasado, y este siglo también. En la actualidad disponemos de una mayor cantidad y variedad de alimentos; frutas y vegetales de colores muy vivos, pero insulsos y poco nutritivos. ¡Cuántas veces me ha decepcionado el primer mordisco de una hermosa manzana! ¡Cómo no he de extrañar los decembrinos días del ayer, cuando disfrutaba comer manzanas, uvas y peras nutritivas, y deliciosas! Doña Rafaela de Vargas, una centenaria de mi amado pueblo de Navarrete, al preguntarle sobre su alimentación, con extraordinaria lucidez mental a sus 107 años exclamaba a viva voz: -¡Mucha carne y mucha leche de vaca! Al advertir la expresión de asombro en mi rostro, sonriente agregó: ¡Frutas y hortalizas, también! Actualmente, sería un absurdo hablar de alimentos “frescos”, cuando en realidad proceden del otro extremo del mundo. Los preciosos minerales se escapan en la salmuera utilizada para conservar los alimentos durante más tiempo. También, la cocción prolongada, los conservantes y el blanqueado despojan a los vegetales, granos y tubérculos de sus vitaminas y minerales. ¡Cuántos productos industrializados y refinados! ¡Cuántas calorías huecas! ¡Cómo se incrementan las enfermedades crónicas no transmisibles! ¡Cuánta obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares! En realidad, no sabemos lo que estamos comiendo. Y ahora, como decía el Chapulín Colorado: -¿Quién podrá defendernos?