Consultorio ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, ahora los cruceristas están asaltando a Puerto Plata en busca de sus riquezas naturales ¿cuáles alternativas les tiene reservada la Novia del Atlántico a sus ecoturistas?
R. Aquí si se cumple la famosa frase aquella de que “Dominicana lo tiene todo”, pero yo diría que “a Puerto Plata no le falta nada” para mantener en alto la bandera del turismo dominicano, pues por algo fue escogida para abrirle las puertas al mundo del realismo mágico de quienes solo compran las bellezas y los paisajes más grandilocuentes de la Creación.
Algo tuvieron que ver aquellos que, cual Almirante de la Mar Oceana, donde no se navega por aguas, sino por las redes sociales; para seleccionar a Puerto Plata como destino de los cruceros que más turistas mueven por las fronteras de la patria del Atlántico Norte.
Nadie puede regatearle a Puerto Plata el lugar que le ha reservado la historia y los hechos más trascendentales vividos por el ser humano después del descubrimiento del fuego: “en su lar se estableció el primer asentamiento humano del Nuevo Mundo” descubierto por Colón, en su hazaña de demostrar (sin proponérselo) que la Tierra era redonda y no plana como la concebía la humanidad hasta la Edad Media.
Acompañado de naturaleza, con los mismos paisajes y hasta la misma vegetación, ríos y animales de entonces, La Isabela posee el Parque Nacional de La Hispaniola, que junto a sus inmensas riquezas naturales, posee el yacimiento arqueológico que resguarda fielmente los restos de aquella ciudadela de costumbres medievales en medio de tierras prehistóricas.
Todavía está en pie el Guayacán que cobijó a los feligreses que escucharon el canto de la primera misa en el Continente de la Esperanza, el Río Alto y bonito, en cuya desembocadura en el Atlántico todavía yacen los restos de la Niña, la segunda de las naves colombinas que trajeron a los Historiadores de Indias.
Camino al Caño en Gracias (Bahía de Luperón) desde El Castillo, todavía se conserva la vegetación originaria de los farallones y plataformas marinas que deleitaron por primera vez los ojos de los cruceristas europeos en tiempos de Guacanagarix.
La Loma Isabel de Torres, lagunas y haitises de Cabarete, playas de ensueños en la costa de ámbar, los Saltos de Damajagua, Meandros del Yásica, Bosque Primario de las tomas de agua de Sosúa y las arenas de Bergantín, esperan por los cruceristas del siglo XXI.