CONSULTORIO ECOLÓGICO

Eleuterio Martínez

P. Profesor, ¿por qué Marcano y no Jiménez para honrar con su nombre al Jardín Botánico de Santiago?

R. Tengo la autoridad que me otorga la vivencia directa y el oficio que actualmente me ocupa en la Academia de Ciencias, espacio fértil consagrado al conocimiento parido del ingenio y la preclara visión de estas dos celebridades del quehacer científico procedentes de Santiago de los Caballeros: Profesor Eugenio de Jesús Marcano y Doctor José de Jesús Jiménez.

¿Quién tiene más estatura?
Entre Marcano y Jiménez es difícil tomar partido, pues pasa lo de Miguel de Cervantes Saavedra y Lope de Vega y Carpio (las glorias más encumbradas de las letras del idioma más dulce y conciso del mundo: “el español”), un autodidacta y un académico, vale decir, un genio que se hace a sí mismo y el otro, genio también, pero hijo de las aulas.
Si algo hace grande y agiganta con el tiempo la figura de Marcano, además de la humildad sana y espontánea que destilaba su forma de ser, es que fue un autodidacta, apenas alfabetizado, pero un verdadero y fino hombre de ciencia, que por olfato natural hizo honor al método, a la rigidez de sistematizar el dato para traducirlo a conocimiento.
Profesor meritísimo de su Alma Máter (UASD) y “Laudatio”, categoría máxima del honor consagrado a quienes han surcado huellas en la senda de la Academia de Ciencias de la República Dominicana y reconocido por universidades americanas y europeas como portento en disciplinas como la entomología, la geología, la ecología, la apicultura y sobre todo, en la botánica, donde cosechó sus mayores éxitos.
Pero lo propio hizo el Doctor Jiménez, quien como verdadero hermano, compartió y recorrió palmo a palmo el territorio dominicano junto a Marcano, haciendo galas de verdaderos investigadores y jocosamente traduciendo en anécdotas los azares del monte y las montañas para dialogar con las plantas.
Jiménez abría su consultorio a las 6:00 de la mañana y a las 8:00 subía para el Diego de Ocampo, sin que emergencia alguna pudiese detenerlo. Esta montaña honra su nombre (Decreto 233-96) aunque lo pase inadvertido la Ley 202-04. Honrado en varias universidades norteamericanas y europeas. Es “Laudatio” en la misma cuna de la ciencia que en hora buena fundara junto a Marcano.
Por lo tanto, Diego de Ocampo es al Dr. Jiménez, lo que el Botánico de Santiago es al Prof. Marcano, porque es lo más lógico y el perfecto complemento.