Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, nueva vez Santiago está sin agua, la presa de Tavera está exhausta ¿cuáles dimensiones tiene el desafío que enfrenta la República Dominicana?

R. A veces la realidad supera la imaginación. Cualquiera podría pensar que una crisis de agua en Santiago sería impensable, pues esta urbe cibaeña tiene el privilegio de poseer la principal y más grande fuente de agua del país, más tres grandes presas para administrar los inmensos volúmenes de agua que anualmente se mueven por el cauce del Yaque del Norte, la más extensa arteria fluvial dominicana.
Las dimensiones del desafío que representa la escasez de agua para la vida y el desarrollo de la República Dominicana, lucen desconcertantes. ¿Cómo se explica que un complejo hídrico como el Sistema Tavera – Bao – López Angostura no pueda garantizar agua segura para Santiago de los Caballeros y todos sus asentamientos humanos adyacentes?
¿Será un espejismo observar los ríos Jimenoa, Baiguate, Los Tablones, Los Guanos, Guanajuma, Jagua, La Guácara, Los Antonzapes (El Bueno y el Malo), Las Placetas y el legendario Río Bao escurriendo sus aguas hacia Santiago y que la capital del Cibao esté muriendo de sed?
Estoy convencido de que ha llegado la hora de repensar el país, de que tenemos que mirar más allá de nuestras narices, que si el Yaque muere, con él serán sepultadas todas nuestras esperanzas de gloria o de bienaventuranzas futuras y de que si bien es cierto que la planificación es el arte de lo posible, nuestras autoridades están perdiendo la capacidad de previsión.
Nadie debe dormirse en los laureles y pensar que alcanzar la “autosuficiencia alimentaria”, significa haber alcanzado la “soberanía alimentaria”. No tiene mucha gracia comer hoy para morir de hambre mañana. El Yaque no solo es agua para tomar, también es agua para producir alimentos, para generar electricidad y sobre todo, agua para refrescar el porvenir y alimentar los anhelos de progreso y bienestar.
Es cierto que actualmente estamos produciendo lo que se come en el país, pero sin agua, toda esperanza de saciar el hambre se esfuma a largo plazo. No podemos cruzarnos de brazos para contemplar la muerte del Yaque del Norte. La insensibilidad y la imprevisión pueden tener un alto precio y conducirnos a umbrales impredecibles.
No es buen augurio ver la presa de Tavera sin agua. Una cuenca sin árboles, se convierte en un lavamanos cuando llueve. ¡Toda el agua que cae se va por el hoyito!