Consultorio Familiar

Consulta

Pregunta del lector: Comienzo a comprender por qué se habla de igualdad entre mujeres y hombres, desconocía de qué se trataba. En principio pensaba que era algo absurdo. He comprendido básicamente en qué consiste y creo que hay razones poderosas para alcanzarla. ¿En qué nos beneficiaría a los hombres?

Respuesta

Respuesta de la terapeuta: Es interesante conocer cómo muchos hombres han comprendido de cuál manera las mujeres y los hombres se benefician si gozan de los mismos derechos y oportunidades, y de compartir en espacios sociales, culturales, políticos y en el ámbito familiar en una relación simétrica en la que predomine la igualdad.
La resistencia a aceptar, incorporar y cambiar las creencias distorsionadas acerca de la mujer y, por qué no, sobre el hombre, ha retardado el alcance de la igualdad.
La cultura permea la identidad de lo masculino y condiciona al hombre a ser dominante, proveedor, agresivo, tomar las decisiones importantes de la familia, enfocarse en la vida pública, ser duro emocionalmente y mostrarse distante en la relación de pareja y de padre en la mayoría de los casos.
El hombre tiene constreñida expresar el afecto, el amor, la sensibilidad ante los eventos de la cotidianidad, el hablar de temas emocionales, el involucramiento en el cuidado de los hijos; se le prohíbe sentir temor y mostrar comportamientos de inseguridad.
La ira como emoción y la violencia como conducta son aceptadas socialmente y justificadas como características de masculinidad, lo que impide a muchos hombres superar las limitaciones impuestas socioculturalmente.
De alguna manera, quedan atrapados en estereotipos y roles rígidos asumidos sin cuestionamiento, considerados como verdades absolutas; se adaptan a ello y no se plantean abandonar estos patrones conductuales que les resultan conocidos.
Convivir con una pareja masculina cuya perspectiva es igualitaria, conduce a un mayor entendimiento entre ambos, en la que las identidades independientes se mantienen unidas sin fusionarse, pero con sentido de pertenencia que preserve la relación.
La tolerancia, el respeto y la ética relacional son ejes de la conducción de una convivencia pacífica.
Lo macho, lo masculino, son palancas anquilosadas que ciegan, ensombrecen ante toda posibilidad de cambio o transformación cultural y humana que enriquezca la convivencia igualitaria, la solidaridad comprometida y una promesa de cambio para las nuevas generaciones.


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