Consultorio Ecológico

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Profesor, en las cuencas hidrográficas se ha planteado la dicotomía: el campesino o el árbol, el árbol o el campesino, como si ambos fueran mutuamente excluyentes, cuando debería ser lo contrario, ambos deben convivir en perfecta armonía, ¿dónde radica el conflicto? 

Respuesta

Es una forma equivocada de ver un problema que reside más en la falta de visión y conocimiento que en la imposibilidad de una convivencia complementaria entre dos componentes de la naturaleza están llamados a vivir juntos y en armonía: el campesino y el árbol o más bien, el Ser humano y su madre, la naturaleza.

Es cierto que la deforestación, la degradación y la eliminación del bosque conducen todo el tiempo a un deterioro del ambiente y a la incapacidad del suelo para producir los alimentos necesarios para la supervivencia humana y, por lo tanto, el resultado final es el incremento de la pobreza o pérdida de la calidad de vida.

Sin embargo, con asistencia técnica y orientación adecuada, este problema se transformaría en una herramienta poderosísima de emancipación del Ser humano y la naturaleza, en un medio productivo y generador de riquezas naturales y materiales, donde en lugar de ser un problema el uno para el otro, sería a la inversa, el campesino y el árbol serían igualmente protagonistas y mutuamente beneficiarios.

Es decir, el círculo vicioso descendente pobreza – deterioro ambiental, más deterioro – más pobreza; con una asistencia profesional puede traducirse a una espiral ascendente, donde los seres humanos cuiden y cultiven su ambiente para producir alimentos, según su vocación natural productiva, mejorando la calidad de vida de los moradores de las cuencas hídricas y zonas cordilleranas.

El general Rafael Emilio de Luna Pichirilo, quien hizo carrera técnica forestal paralela a la milicia, sorprendió positivamente al público presente en la Academia de Ciencias, al exponer el proyecto de restauración ambiental de las zonas deforestadas que el gobierno está ejecutando en las zonas montañosas más castigadas por la destrucción de sus bosques.

Habrá que esperar entre cinco y diez años para medir resultados, pero según los diagnósticos, la planificación, la asignación de recursos y la plataforma técnica, todo concebido a evitar que el campesino sea un exiliado en su tierra, demostrando que sí es posible la convivencia del Ser humano y el verde productivo en las zonas productoras de agua.


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