Contradicción de corte navideño

Las consecuencias pueden ser tan trágicas y dañinas en sentido general a la salud colectiva, además de costosas al Estado y a las familias, que estimular mediante liberación estacional de restricciones el consumo de bebidas alcohólicas coloca al Estado dominicano en franca contradicción con sus más honrosos fines que incluyen combatir excesos y promover conductas sanas. Si se vanagloria de enfrentar enfermedades y recurre a gastos ingentes para movilizar tropas policiales y militares y rodear de seguridad a los ciudadanos, destruye con los pies lo que hace con las manos si con su permisividad incita y respalda que la gente se entregue más allá de lo razonable a consumos que la propia ley cataloga de negativos y así lo pregonan los propios embotelladores por obligación. Las autoridades actuales (las mismas de antes) se olvidan que tras fijar años atrás un rígido horario a la venta e ingesta pública de bebidas se registró una disminución a nivel nacional de tragedias de tránsito y violencia social.
Su generosidad con la bebedera a deshoras pasa por alto que la ebriedad o consumo irresponsable aparece detrás de muchos comportamientos destructivos, incluyendo homicidios y feminicidios, y de los sucesos de tránsito que tantas vidas cuestan cada año y llenan salas de hospitales de lesionados e intoxicados de costosa atención para el fisco. Fuentes de infelicidad en plena fiesta.

Sin tal pacto ni firma, entran to’

El país tiene que tomar acción (no meros gestos) contra el ingreso irregular y numeroso de inmigrantes, sobre todo de haitianos vistos como un riesgo para la soberanía por razones históricas y rivalidad geográfica, y debe poner fin a la acogida que brindan intereses particulares y mezquinos que permiten a extranjeros integrarse a la vida económica y ser entes clave en labores productivas. ¿Esa no es acaso una forma de aceptar que sean parte de esta colectividad con presencia en muchos lugares?
Miles de empresas constructoras (o casi todas) están prestas siempre a poner en nómina a cualquier forastero transfronterizo; y ningún renglón de la agricultura o la ganadería cierra puertas a esa mano de obra ni se les restringe en su desplegada buhonería. En lo fundamental los frenos a la invasión, reclamados en discursos, no funcionan.