Crisis: ¿Cuándo se toca fondo?

José Miguel Gómez

La existencia no es posible sin crisis, sin desavenencia, sin pérdidas, sin dolor y sin circunstancias desfavorable. No existen vacunas, ni remedios para que las personas no vivan situaciones estresantes. Los ricos, famosos, exitosos, pobres, religiosos, políticos, empresarios, etc. todos estamos expuestos a padecer crisis. Diríamos que todo desequilibrio o desajuste que nos provoque o nos exponga a situaciones de peligro, estrés crónico, disfuncionalidad, desarmonía psicológica o conductual, se habla de una crisis. Existen crisis temporales, circunstánciales, recurrentes, periódicas, crónicas y existenciales. Sin embargo, lo que más la caracteriza es la incapacidad de la persona en poder administrarse, gerenciar, controlar, prevenirla, afrontarla de forma asertiva. Las personas con inteligencia emocional y social son los que aprenden a prevenir las crisis, a crear más factores protectores para saber qué hacer frente a una crisis; pero también son los que se enfocan y crecen, haciendo de la crisis una oportunidad. La peor de las trampas en una crisis es que la persona se culpe, pierda el control, se desenfoque, se bloquee mentalmente, se vuelva ansiosa, temerosa, insegura, perdiendo la capacidad para tomar el “toro por los cuernos” o sea, administrar las crisis, el problema o conflicto de forma organizada, para explorar todas las posibilidades que existan para aprender a salir de ella.
Un factor que incide mucho de forma desfavorable en una crisis es no dejarse acompañar, o reaccionar de forma orgullosa, egocéntrica, explosiva, cargado de frustración, de negativismo y resentimiento. Perder la humildad, aislarse, ser intolerante a las frustraciones, dejarse guiar por el caos, la angustia, el miedo, la frustración, la desesperanza y la incertidumbre; sencillamente es apostar a un proceso de pérdida que puede llevar a “tocar fondo” o al suicidio. En las crisis, ya sean económicas, afectivas, de parejas, familiar, laboral, política, interpersonales y grupales; la solución y la viabilización va a depender de varios factores: inteligencia, habilidades, experiencias, fortaleza emocional, tipo de personalidad, carácter y temperamento, factores protectores con los que cuenta, redes de apoyo y resiliencia social. Otros indicadores son: tipo de trabajo, o la capacidad para aprender a perder, ceder, adaptarse, poner distanciamiento, aprender de los cambios, darse tiempo para reflexionar, buscar la ayuda, dejarse guiar y elaborar estrategias reflexivas enfocadas en soluciones. El problema de las crisis, es cuando las dejamos acumular, se hacen persistentes, recurrentes, crónicas y episódicas a la vez, donde las personas van perdiendo la capacidad para controlarla, y el problema lo va desorganizando, le permea su estilo de vida, le hace impotente, le atrapa, lo frustra, le cambia sus pensamientos, su conducta y su equilibrio psicoemocional. Existen indicadores psicosociales y emocionales que nos predicen cuando una crisis va de mal en peor o nos lleva a tocar fondo: nos cambia el humor, nos trastorna el sueño, nos crea ansiedad y angustia, nos paraliza o nos bloquea nuestros pensamientos, entramos en pánico o en depresión, empezamos a pensar de forma riesgoso o agresiva, sentimos desesperanza, culpa, ideas recurrentes de suicidio o homicidio. Para salir de una crisis hay que elaborar un plan de contingencia, que pueda ponderar los riesgos y las consecuencias; identificar sus factores protectores desde lo afectivo, emocional, social, laborar, religioso, familiar, espiritual, amistades, etc, para responder de forma adaptativa. También sepuede valorar la capacidad de pérdida, de negociación, de flexibilidad, de readaptación, sin perder el foco y los propósitos de vida.
A las crisis hay que aceptarlas con la filosofía de vida positiva; para madurar, una nueva oportunidad, algo nuevo para empezar, ayuda a conocerse y liberarse de situaciones que nos atan y nos limitan. ¿Quién dijo que las crisis son caos? ¿Quién nos enseñó que las crisis son para sufrir, suicidarse, huir, desorganizarse e inadaptase? En cualquier edad o circunstancias vamos a vivir una situación de crisis o una experiencia desagradable. Pero no espere tocar fondo para reconocer que está mal. Simplemente busque la ayuda, escuche, sea humilde, acepte el acompañamiento; así se aprende a madurar, crecer y desarrollar resiliencia y fortaleza emocional para manejar las adversidades de la vida. Insisto, a las crisis póngale nombre y apellido. Identifique los daños colaterales que le producen y el costo que tiene que pagar por vivirla. La clave es la prevención, diagnóstico temprano, soluciones a tiempo, y aprender a no repetirlas. Pero sobre todo, no espere tocar fondo para empezar a moverse.