Crisis de servicios: fuente de polución

Crisis de servicios: fuente de polución

La inhalación de aire adulterado por gases, partículas metálicas y otros tóxicos que a diario respiramos nos someten a riesgos imperceptibles, al peligro de contraer enfermedades respiratorias, alérgicas y cancerígenas, a las denominadas patologías emergentes vinculadas a la contaminación ambiental.

La creciente polución emana de la crisis eléctrica, el caos del tránsito vehicular, quema de basura y fuegos forestales, industrias sin las adecuaciones tecnológicas recomendadas, minería, cementeras, construcciones y granceras, entre otras. Generan una incesante contaminación que en el país incentivan servicios básicos colapsados.

Electricidad. El sector energético, fuente permanente de dióxido de carbono (CO2), principal gas de efecto invernadero con un impacto adverso en el cambio climático, en el calentamiento global que recién nos azotó con una intensa sequía entre fuegos forestales y sofocante calor.

Altas temperaturas que aceleran la reproducción del mosquito causante del dengue, que en 2015 ha arrebatado más de noventa vidas y ahora nos amenaza con el virus del zika.

La electricidad aporta 30% de la emisión de CO2, unas 10 millones de toneladas originadas a partir de la combustión incompleta de los derivados del petróleo, carbón y gas natural.

El sistema energético es responsable además, debido a los apagones, de contaminación por monóxido de carbono (CO), partículas y compuestos orgánicos volátiles emitidos por plantas eléctricas de emergencia.

De apagones proceden intoxicaciones por el plomo emanado de las baterías de inversores, que a la vez contaminan suelos y aguas.

Transporte. Los tóxicos que invaden la atmósfera provienen de otro caótico servicio: el transporte, principal expulsor del monóxido y partículas que despiden vehículos de motor, sobrepasando los límites saludables en zonas congestionadas.

En función del tiempo de exposición y de la concentración, la intoxicación por monóxido provoca dolor de cabeza, mareos, irritación de ojos, nariz y garganta; cambios conductuales, visión borrosa, dificultad respiratoria, pérdida de conciencia, paro cardíaco o un fallo respiratorio.

Investigaciones asocian ese contaminante a afecciones del sistema nervioso central, mutaciones celulares y cáncer.

En infarto previo o si se padece de angina o insuficiencia cardíaca, la recurrencia de eventos es mayor en elevados niveles de exposición. El riesgo es alto en asmáticos y quienes sufren enfermedades pulmonares crónicas, como enfisema y bronquitis.

La combustión incompleta de carburantes genera, además, dióxido de sulfuro, óxido de nitrógeno y partículas en suspensión, residuos sólidos microscópicos, algunos cancerígenos. Las vellocidades de la nariz no los retienen y llegan a la garganta y pulmones, mientras las ultrafinas van directamente a la sangre.

En zonas urbanas la principal fuente de material particulado de alta toxicidad es el tráfico, generado por la combustión en los motores y del roce de las ruedas con el pavimento.

Los motores sin filtro de partículas diesel son un peligro para la salud. Respirar gases del escape de ese combustible: óxidos de nitrógeno, benceno, bióxido de azufre y formaldehído podrían producir cáncer; son partículas cancerígenas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Montañas de basura. Potenciando el efecto devastador del transporte, otro servicio no menos crítico, la recolección de desechos, agrava la contaminación.
Diversos tóxicos derivan de la quema de montañas de basura en 385 vertederos a cielo abierto, más los formados a cada paso en calles, solares y patios, desde los que el viento esparce virus y bacterias.

De esa combustión emanan monóxido, dióxido de azufre, partículas, ceniza y otros tóxicos que percolan y contaminan las aguas subterráneas. La incineración de plásticos con PVC y cloro emite dioxina y furanos, compuestos cancerígenos.

Agua potable. Este servicio, fuente de gran contaminación bacteriana, viral y química, registra un déficit que acentúan los apagones, al impedir que funcionen las electrobombas para extraer agua de pozos.

Y, además, daña motores, válvulas, cables y otras piezas, averiadas por los cortes y retorno repentino de la energía, que rompe tuberías con la presión del agua.Energía,

transporte, agua y basura, servicios primarios que aún exhiben un desempeño excesivamente precario pese a décadas de crecimiento económico. En vez de servir perjudican al usuario, compelido a duplicar gastos para autoabastecerse. Indisponen la salud sin que se disponga de una eficiente atención médica, pues el sistema sanitario también ha colapsado.

Liberan toxinas. Las cementeras, construcciones y empresas de materiales de agregados son importantes fuentes de partículas.

El polvillo del cemento es crítico, fatal en los elaborados a base de silicato, causan silicosis, endurecimiento de los alveolos pulmonares. En caso extremo se comporta como una tuberculosis, dificultad al respirar, esputos de sangre.

Múltiples toxinas expulsan también fundiciones, talleres de herrería y otros que pulen metales, más peligrosos, porque al limarlos liberan partículas y sin percatarnos las respiramos.

Se precisan políticas estatales que establezcan controles y eleven la calidad de los servicios básicos. Alertar a la ciudadanía de los daños de la polución, crear conciencia de la urgencia de mitigarla.

En un ambiente sano el factor cultural tiene gran incidencia, por lo que deben erradicarse prácticas nocivas con campañas educativas. La educación es fundamental, pero como los anteriores, éste es otro servicio de calidad sumamente precaria.

ZOOM
Pesticidas
La polución atmosférica se acentúa en zonas rurales con la aplicación por aspersión de pesticidas y otros agroquímicos, lo que no sólo afecta al fumigador, pues los aerosoles que se forman son arrastrados por el viento y absorbidos a gran distancia. Al expresar esa inquietud, el profesor Conrado Depratt , asesor del Instituto de Química de la UASD, dice que realizan un estudio para determinar si hay residuos de pesticidas en leche materna, donde años atrás detectaron DDT. Muy nocivas son por igual las humaredas de la agricultura de “tumba y quema”, afectan también ciudades con cultivos a 50 o 100 kilómetros a la redonda.

 

Ponen barreras a la limpieza del aire con edificios altos sin regular distancias

Las condiciones orográficas impiden que la calidad del aire sea peor, evitan la inversión térmica, fenómeno que se produce cuando un aire caliente queda atrapado por otro frío y se forma una humareda espesa que contamina y puede hasta causar la muerte.
Pero, ¡cuidado! con las construcciones verticales sin regulaciones; comienza a disminuir el mecanismo de remoción natural del monóxido que invade nuestras ciudades.

El Gran Santo Domingo, la zona más contaminada, tiene una ventaja: ser una ciudad costera y muy arborizada. Si los niveles de polución no son más elevados se debe a que durante el día la brisa marina actúa como un abanico limpiador natural, se lleva todos los contaminantes y de noche los envía al mar. Es un ir y venir que ocurre perfectamente. Esa remoción nos ha ayudado, dice José Contreras, director del Centro de Gestión Ambiental del Intec.

Los árboles también mitigan la polución, por eso los niveles registrados en la Capital no son mayores con relación a otras ciudades de América Latina. No porque no arrojemos suficientes contaminantes, sino porque esos dos factores los reducen. Pero, ¡cuidado!, esa ventaja se comenzó a perder, pues con los edificios altos están levantando barreras a la brisa del mar, como ya ha ocurrido en la avenida Anacaona.

De la avenida Luperón hasta la Italia existe un muro de torres, ahí no se produce esa limpieza, deja sin entrada y salida del aire a Bella Vista y demás urbanizaciones situadas detrás; toda la zona hacia la Rómulo Betancourt y 27 de Febrero, el área comprendida entre la Churchill y la Luperón hacia arriba va a ser afectada, pues la brisa del mar ya no está llegando, choca con una pared, un edificio pegado del otro; el aire no circula por ningún lado, ahí se perdió esa ventaja.

Eso no sucedería si establecieran límites, la distancia que permita fluir el aire entre una y otra edificación. Al autorizar la construcción de edificios altos debe exigirse dejar un corredor, para que el aire circule. De lo contrario la contaminación se agudizará.

Publicaciones Relacionadas

Más leídas