Crisis haitiana: una responsabilidad de la comunidad internacional

Por José Luis Morillo Frías - [email protected]_ @jlmorillofrias
11 febrero, 2016 Sé el primero en comentar
José Luis Morillo Frias
José Luis Morillo Frias. Fuente externa.

Haití desde su fundación (1804) hasta el día de hoy, ha sido el centro de pillaje e intromisión en sus asuntos internos, por parte de las potencias económicas europeas y de Estados Unidos. Este crimen de lesa humanidad ha llevado a la destrucción de este país caribeño y con ello ha sumergido en la extrema pobreza a sus habitantes.

Siendo la nación más pobre del continente, donde 2.5 millones de haitianos no tienen acceso a la alimentación básica, es un país donde la desigualdad social y económica es incomparable con los demás países de la región, quedando toda la riqueza concentrada en un pequeño grupo, que se queda con el 64% de los ingresos totales del país y el 20% más pobre tiene sólo el 1%, de acuerdo a cifras del Banco Mundial en el 2014.

A esto se suman las graves amenazas sanitarias que enfrenta la población de este país vecino, con enfermedades de diferentes índoles y de carácter crónico como son: diarreicas, malaria, Sida, tuberculosis y cólera.

De acuerdo al Índice de Percepción de la Corrupción 2015, Haití está entre los países más corruptos del mundo, lo que muestra que no cuenta con una clase política confiable y mucho menos con interés de aportar al desarrollo de su país.

Este desorden institucional y la ausencia de un interés nacional que predomine en la conciencia de sus gobernantes, han llevado a convertirse en un Estado desértico a la primera nación que se liberó de la esclavitud de América, en el que sólo existe 2% de la capa vegetal, lo que dificulta su desarrollo agrícola e industrial.

La irresponsabilidad de los gobernantes haitianos, ligada a las promesas incumplidas por la comunidad internacional, lleva a la salida de miles de ciudadanos haitianos, que se aventuran a emigrar en búsqueda de las oportunidades que les han sido negadas en su país de origen. El país por excelencia para esta migración, lógicamente por las condiciones de cercanía geográfica, es la República Dominicana, donde el 87.3% de la población de inmigrantes es haitiana, de acuerdo al informe Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) del 2012, Oficina Nacional de Estadística (ONE).

Haití se ha convertido en un país que expulsa población, llevándola a emigrar no solo por la presión económica, sino también por la violencia y el desorden institucional que provocan los conflictos de la partidocracia política. Esta situación conduce a que los inmigrantes haitianos reciban maltratos y discriminaciones por muchos de los países que se niegan a recibirles en sus territorios, como son los casos de Estados Unidos, Las Bahamas y en los últimos años Brasil, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador.

 

Origen de la crisis haitiana

Después del asesinato de Dessalines en octubre de 1806, se generó una guerra interna en Haití, que dividió el país en dos Estados, uno declarado un reino encabezado por Henri Christophe, el otro en una República gobernada por AlexandréPetión. Estas desmedidas ansias de poder llevaron a reducir a la nueva nación a través de conatos y conflictos internos, que sumados a las intromisiones de las potencias, llevaría a Haití a su destrucción en el devenir del tiempo.

Esta voracidad de las élites gobernantes les fue comprometiendo con los intereses extranjeros, cediendo la soberanía de su país y con ellos sacrificando el futuro de su población.

La historia de Haití está plagada de gobiernos déspotas, entreguistas y criminales. Sus malas decisiones fueron endeudando el país y empujaron a que recibieran la primera intervención norteamericana en el 1915, durante la gestión de Woodrow Wilson, quien justificó la misma diciendo que se hacía para defender los intereses del banco de inversión estadounidense Kuhn, Loeb& Co.

La intervención dejó como herencia un ejército formado bajo las directrices norteamericanas, un pequeño grupo con el control económico (mulatos) y una clase política formada bajo la democracia del garrote. La dictadura de los Duvalier desde 1957 hasta el 1986, es una ejemplar ilustración del legado de la intervención.

Después de varios años de inestabilidad política en Haití se realizaron en 1990 las primeras y únicas elecciones democráticas, saliendo electo como presidente constitucional Jean-Bertrand Aristide. Por las posiciones de carácter nacionalista y en favor de los derechos de la población pobre haitiana, el gobierno de Aristide fue derrocado, a los 7 meses de estar en el poder.

Otra vez la injerencia de Estados Unidos estuvo detrás de este golpe de Estado, que género inestabilidad y miles de asesinatos políticos por parte del ejército haitiano. Después del caos y de la amenaza que significaba la llegada de cientos de inmigrantes a las costas de la Florida, deciden instalar nuevamente a Aristide en el gobierno, quien llegó con el mandato de responder a los intereses de los Clinton.

Esta cierta estabilidad solo duró hasta el 2004, cuando nuevamente una intervención de marines norteamericanos depuso a Bertrand Aristide, coincidencia histórica, ambos golpes de Estado se organizaron en las administraciones de la familia Bush.

Falsas promesas de la comunidad internacional

En el 2004 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 1542, estableciendo la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Esta misión tendría como objetivo “Ayudar al Gobierno de transición a establecer un entorno seguro y estable; ayudar en la supervisión, reestructuración y reforma de la Policía Nacional de Haití; prestar asistencia mediante programas integrales y a largo plazo de desarme, desmovilización y reinserción; prestar asistencia para el restablecimiento y mantenimiento del estado de derecho…”

Ningunas de las condiciones que se establecieron para propiciar la reconstrucción de Haití, así como permitir el fortalecimiento democrático de este país, se han logrado al día de hoy. Al contrario, han sido un factor esencial en el agravamiento de los problemas del pueblo haitiano.

Los gobiernos haitianos siguen siendo de los más corruptos del mundo, la policía es un aparato represivo, vinculada al crimen organizado. La población sigue armada, siendo este país uno de los más peligrosos del continente, es un narco-Estado, tránsito de contrabando, drogas, armas y migrantes.

Haití ha sido convertido en centro de la caridad mundial, en beneficios de las grandes empresas multinacionales que responden a los intereses de los países que conforman la MINUSTAH.

En el proceso de reconstrucción, los recursos que se han comprometido a llegar a este país en el 2004, siguiendo con los ofrecidos a propósito del terremoto del 2010, se quedaron como simples promesas que nunca han alcanzado el tope de lo requerido para lograr solucionar la crisis humanitaria haitiana.

La ayuda internacional no es sino una empresa lucrativa disfrazada de obra de caridad, donde se estima que el 80% de los fondos de la ayuda internacional consagrada a los países en desarrollo acaba en las arcas de las empresas y ONG de los países donantes.

Estos procesos de reconstrucción carecen de transparencia, donde se manejan a discreción de los gobiernos ligados a estas donaciones, es de ahí que los recursos nunca llegan a la población necesitada, mientras la pobreza sigue en crecimiento constante.

De acuerdo a la página de la MINUSTAH el Presupuesto aprobado (1 de julio de 2014 – 30 de junio de 2015) era de US$500.080.500millones de dólares, lo que evidencia donde se quedan los recursos de las donaciones.

La solución a la crisis electoral

La actual crisis haitiana es el producto de la imposición de candidaturas afines a los intereses de Estados Unidos. Cuando pasamos balance a los comicios electorales del 2010, donde el candidato que ocupó el segundo lugar, JudeCélestin, fue desplazado de forma arbitraria y sin explicación alguna, para dar paso al señor Michel Martelly, quien posteriormente saldría electo presidente de Haití.

Esas prácticas carentes de legitimidad, y violatorios de los principios democráticos, son la génesis de la crisis que hoy vive el vecino país, es evidente que se busca imponer un candidato a fin al presidente saliente, utilizando mecanismo fraudulentos, lo cual quedó evidenciado en las elecciones del 25 de octubre del año pasado, donde quedo en primer lugar JovenelMoise, candidato de Martelly. Aprendida la lección, la oposición haitiana se resiste a participar de un proceso viciado, que apuntala a repetir los mismos hechos dolosos generados en elecciones anteriores.

La salida a la crisis haitiana es la que no querrán asumir los países colonialistas, que se debe enfocar en el respeto a las reglas de la democracia, al derecho de la autodeterminación de los pueblos, para que sean los haitianos quienes tracen el curso de su destino.

 

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