Cuando el triunfo no logra aplastar el orgullo de un origen humilde

En ocasiones las historias sobre los perfiles de hombres de éxito son convenientemente editadas a partir de una etapa de ascenso social y económico, ignorando deliberadamente circunstancias primigenias de precariedades, padecimientos familiares y también fracasos y frustraciones personales.
En espíritus persistentes que no se dejan doblegar o vencer por períodos de infortunio, esos reveses actúan como un acicate que fortalece y sirve de aprendizaje para emprender nuevos horizontes con mejores perspectivas y entonces surge un ejemplo de vida personal digno de ser emulado.
Estas historias adquieren trascendencia y salen del ámbito privado cuando son narradas de forma directa y testimonial por protagonistas que han alcanzado el éxito empresarial sin dejar de mencionar con marcado orgullo y satisfacción personal la forma en que lograron superar las duras etapas de sus primeros tiempos en la vida laboral.
Ese precisamente es el caso de J.J. Hidalgo (don Pepe Hidalgo), quien se enorgullece de ser dominicano y no solo por una cuestión de derecho jurídico, sino por amor e identificación con esta tierra, donde lleva décadas realizando proyectos de inversión, especialmente en infraestructuras hoteleras y turísticas a través del Grupo Globalia.
En un reciente encuentro con periodistas de diferentes medios, narró las peripecias iniciales en su lar nativo de Villanueva del Conde, una modesta localidad de la provincia de Salamanca que ha quedado virtualmente deshabitada con apenas 50 vecinos y en la que a los 12 años sobrevivía como aprendiz de segador y vendedor de pieles.
Los detalles sobre esa y otras etapas de su vida, así como de los episodios que tuvo que asumir hasta alcanzar su actual sitial empresarial están muy bien descritos en el libro “Historia de una ambición, relato apasionante del último milagro empresarial español”, escrito por Graciano Palomo, un periodista de 20 años de ejercicio profesional.
Sin embargo, más que el libro, que habrá tiempo para leer y ampliar de esa manera el conocimiento sobre el personaje, fue la forma vivaz, particular, recreada y con ilustrativas pinceladas anecdóticas con que don Pepe inició el encuentro, lo que captó de inmediato la atención de sus contertulios, porque se trató realmente de un fluido y cálido conversatorio donde respondió un amplio repertorio de preguntas.
A sus 77 años prefiere potencializar los logros alcanzados y dejar en el olvido los fracasos y frustraciones por inconsecuencias y malas artes a la que se ha visto expuesto, aunque confiesa que se habría librado de algunos capítulos perjudiciales si 15 años atrás hubiera conocido al empresario José Luis Corripio Estrada (don Pepín) para nutrirse de los sabios consejos y del enfoque cauteloso de un ejemplar capitán de empresa.
Aunque el grupo empresarial de don Pepe ha traído al país inversiones por más de 400 millones de dólares y tiene en carpeta otros proyectos, no escatimó contar sin amargura etapas anteriores a esta pujanza corporativa, cuando a los 19 años, en 1959, emigró de España a Suiza, donde fue desde peón de granja hasta pintor de brocha gorda y taxista de inmigrantes en sus días libres.
Mientras almorzaba en un restaurante con los demás comensales, uno de los momentos que más disfrutó por una actividad del pasado que sigue siendo presente, fue cuando se le tocó el tema de la aviación comercial, ya que es piloto y por el hecho de que Globalia es propietaria de Air Europa.
Habló sobre las características y complejidades del negocio de la aviación y de cómo se había iniciado en ese mundo, en el que ha contribuido a impulsar avance y desarrollo tecnológico, paradójicamente respondiendo llamadas a cualquier hora y sin intermediarios con un minúsculo y antiguo celular de teclas que lleva en su bolsillo y que como norma levanta aun en medio de una reunión o de un encuentro social.
Se trata de la historia de un hombre campechano y abierto, sin especial preparación intelectual, pero con “coraje a prueba de bomba” y una intuición extraordinaria, como lo describe su paisano Graciano Palomo y porque además su postura de naturalidad no es la propia de quien busca y necesita marketing.


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