Cuando la artesanía es un refugio contra la delincuencia y los vicios

Parte de los 20 jóvenes inscritos en el taller de confección y diseño de joyas en larimar y ámbar, junto a los profesores Johan Castro y Juan Gabriel Sánchez

Pese a sus limitados fondos, por 24 años, la Fundación para el Desarrollo de la Artesanía (Fundarte) mantiene su filosofía de capacitar a jóvenes y adolescentes de escasos recursos, sobre todo, a los que abandonaron la escuela. Concluido el taller, algunos terminan como facilitadores para otros estudiantes de artesanía en joyería.
La institución sin fines de lucro, tiene como propósito, además, de que los jóvenes aprendan el oficio, que la identidad cultural dominicana esté reflejada en cada una de sus producciones.
Entrevistados para la Esquina Joven, Johan Castro y Juan Gabriel Sánchez cuentan cómo los impactó económicamente realizar el taller de orfebrerías en Fundarte, pues ambos de manera individual montaron sus talleres de fabricación y reparación de joyas.
Los jóvenes se especializan en la confección de anillos de compromiso o personalizados, dijes, relojes, entre otras prendas.
Johan de 29 años, explica que entró a Fundarte en 2002, y se motivó porque necesitaba un empleo para costear sus estudio de Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
“Yo debía enfocarme en algo que en lo inmediato me diera beneficio, porque necesitaba comprar mis materiales de estudio, y mientras estudiaba realizaba el curso de orfebrería”.
Señala que la joyería le ocupó tanto tiempo que se dedicó por completo a su taller. “La joyería tiene mucha demanda porque hay muchas áreas, en un día puedo hacer un trabajo de treinta mil pesos, otro día de cinco, en la semana me puede ir bien cuatro o cinco días bien, yo produzco y vivo de esto”, expresó.
Agradecido. Hoy día, Castro también es profesor en Fundarte y se siente agradecido porque aprendió bastante y ahora puede transmitir sus conocimientos a otros jóvenes que también tienen el deseo de progresar.
Impactó su vida. De su lado, Juan Gabriel, de 32 años, quien también es profesor, narra que hizo el curso porque un grupo de amigos se inscribieron. “Yo como muchacho al fin entre, pero nunca pensé que eso me iba a impactar y vivir de eso”.
Manifestó que hizo el primer curso, el cual no tomó muy en serio, pero el segundo puso más empeño porque algunos de su compañeros estaban trabajando en el área.
“Hice mi pasantía en una empresa donde tallaba piedras de larimar y ámbar, las pulía, soldaba plata y hacía mandados, me pagaban 2,500 pesos quincenal, era un incentivo para el pasaje y para que siguiera aprendiendo”, sostuvo.

Luego de hacer otros cursos en Fundarte, su madre lo cuestionó sobre qué quería ser en la vida, que debía ir a la universidad o trabajar.
Juan Gabriel cuenta que buscó trabajo en un taller y poco a poco compró sus equipos, y puso su negocio en su casa, pero también les confecciona joyas a tiendas de la Ciudad Colonial.
“Gracias a Dios me va bien el impacto económico que tuve fue tan grande que mi mamá se sorprendió y me dijo: muchacho de la porra y todo ese dinero, ella se asusto y creía que yo estaba en algo raro porque en una semana yo reuní 20 mil pesos, yo le dije no mami eso es trabajando”, dice.
Entiende que el Gobierno debe invertir más recursos en instituciones como Fundarte para que los jóvenes aprendan cursos técnicos y para que distraigan la mente, “porque sería un tíguere menos en la calle”.

Nuevo estudiante. Recientemente Fundarte inició el curso diseño de joyas, en el que se inscribieron 20 jóvenes. Uno de ellos es José Luis Romero, de 31 años, quien es peluquero, y decidió estudiar porque en un futuro puede incursionar en esta área.
“En el tiempo que tengo veo que es un área productiva, me está gustando trabajar con larimar y ámbar, es un área creativa”.


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