Cuando la entrada es la salida

Eusebio Rivera Almodóvar

Lo habitual es que donde hay una entrada haya una salida. Sin embargo, con el fogueo de la apelación en la Suprema Corte de Justicia a las medidas de coerción de los supuestos implicados en los sobornos de la firma Odebrecht, el Ministerio Público entró en un laberinto que aparenta no tener salida y se observan peligrosos presagios de que el resultado final podría ser otro memorable “no ha lugar”.
Pero resulta que en otros países ya hay apresamientos, encarcelamientos y condenas que incluyen hasta ex presidentes y los recursos, imputaciones y pruebas que se presentaron han sido suficientes para poner tras las rejas a los acusados. ¿Qué está pasando aquí? Odebrecht ha prometido pagar 183 millones de dólares para cubrir su sinvergüencería y sin embargo su principal emisario invitó a “dar un paso al frente” a cualquiera que recibiera alguna vez un centavo en soborno de sus manos, burlándose de la inteligencia de los jueces y del pueblo dominicano, dando la impresión de que nadie podrá probarle que los 92 millones de dólares que él mismo admitió haber recibido por sus “servicios” los repartió en sobornos a favor de la firma que representa.
Si no hay salida para juzgar y condenar a los que estafaron al Estado, hay que salir por la misma entrada; es decir, seguir los procedimientos y pasos que han dado en otros países. Hay que rechazar o reconsiderar el precio que Odebrecht puso a nuestra dignidad nacional, infinitamente inferior a los beneficios devengados con obras sobrevaluadas y concursos amañados. Hay que poner en la cárcel a los verdaderos delincuentes, caiga quien caiga o brinque quien brinque.


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