Cuando un amigo se va…

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Conocí a Raymundo Amaro Guzmán, nacido en Santiago cuando, radicada su familia en la Capital, se inscribió en la Facultad de Derecho compartiendo el aula universitaria con mi hermana Luisiana, dando inicio a una relación familiar que duraría toda la vida.
Quiso el destino que esas relaciones se fortalecieran cuando, convencido por el profesor Juan Bosch, electo Presidente, formé parte de un selecto grupo de profesionales integrado por el Dr. Guillermo Quiñones, Ing. Eliana Puig, Dr. Víctor Melitón Rodríguez, Dr. Eduardo Cavallo y Raymundo, becados por el programa de la USAI “Alianza para el Progreso” cursando el postgrado “Máster en Arte y Ciencia de la Administración Publica” en el Recinto Universitario de Río Piedras, Puerto Rico. Nadie como Raymundo le sacaría mayor provecho a esa nueva enseñanza, habiendo probado suerte como juez de la judicatura.
Su carácter, vocación, solidaridad y desprendimiento se puso de manifiesto en ocasión de un examen impartido donde todos fuimos reprobados, menos Raymundo quien, ido de farra la noche anterior con nuevos amigos, sacó nota sobresaliente. Al saber el resultado, Ray apeló a nuestro profesor que optó por dar un segundo examen, exonerando a Raymundo por su espontáneo gesto. Durante esa rica estadía, Raymundo se hizo célebre por su espíritu bonachón y empatía. Su enamoramiento y conquista su compañera ideal, su amada Gertrudis, con quien procrearía una pródiga familia de 7 hijos, siendo padre amoroso, educados en el ejemplo de su vida austera.
Terminado nuestro posgrado, junto con Amaro, Cristóbal Gómez Yangüela, Eliana Melitón y un conjunto de talentosos compañeros, fue creada la ONAP, integrada al Secretariado Técnico de la Presidencia, encabezado por el Dr. Gustavo Wiese, bajo el Gobierno Provisional del Dr. Héctor García Godoy, hoy de Ministerio de la Administración Pública. Por su vasta y fructífera labor desarrollada tanto como director “vitalicio” de la ONAP, vicerrector Docente y Administrativo de la UNPHU, cofundador de la O&M y la Escuela de Administración de la UASD y la soberbia producción de numerosas obras de investigación del ramo de su especialidad, su lucha tenaz para lograr la profesionalización y tecnificación de la función pública a través de la Ley de Servicio Civil y Carrera Administrativa le valió ser reconocido y respetado como “Padre de la Administración Científica Moderna”, venciendo indiferencias, obstáculos y limitaciones de diferentes gobiernos desafortunados inclinados al patrimonialismo y clientelismo político.
La inevitabilidad de la muerte, ese insondable misterio jamás descifrable, recrea la ilusión y vital esperanza de otra vida, no necesariamente paradisíaca; sí más justa, menos tormentosa, como premio, si cabe, a hombres y mujeres de la estirpe de Raymundo Amaro cuyo breve paso por este “valle de lágrimas” deja huellas inmarcesibles de honradez, integridad, pundonor, humildad, sencillez, cultivando, como buen sembrador, la buena semilla con su esfuerzo y bondades infinitas esparcidas por doquier.
Que en paz descanse.


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