¡Cuánto machismo electoral!

Millizen Uribe

En más de una ocasión he escuchado a un hombre decir que ya hoy día las mujeres no tenemos razones para quejarnos porque hemos avanzado mucho.
Y si bien es cierto que las mujeres tenemos derechos humanos que hace unas décadas se nos negaban (por eso creo que el feminismo es de las ideologías más exitosas de la historia), también lo es que todavía hay muchos retos pendientes.
Uno importante está revelado en el estudio “Más Mujeres, Más Democracia: Desafíos para la Igualdad de Género en la Política”, realizado por Rosario Espinal y Sergia Galván, con el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Junta Central Electoral (JCE) y el Tribunal Superior Electoral (TSE).
La investigación se elaboró con datos de las elecciones generales del 2016 y revela lo que he llamado un machismo electoral porque evidencia muy baja participación de mujeres en candidaturas y puestos electivos, y poca voluntad política de todos los partidos (tradicionales y progresistas) para aumentar esta representación, comenzando por ellos mismos que en sus comités políticos y direcciones la gran mayoría es hombre.
Es sabido que el primer gran obstáculo que enfrenta una mujer que quiere hacer política proviene de su mismo medio (familiar, laboral, cultural y social). La oposición expresa de sus seres queridos y/o hasta la imposición de roles de género tradicionales, con su concomitante división sexista del trabajo (por más políticas que sean el hogar y los niños son su responsabilidad obligatoria) serán las primeras piedras.
Ahora bien, cuando ya están decididas a participar, se encontrarán con obstáculos partidarios, políticos y hasta judiciales. Los datos hablan por sí solos. Al medir la cantidad de mujeres veremos que en el Poder Ejecutivo nunca ha sido electa una Presidenta de la República y actualmente solo hay 3 ministras (una en un área que ni modo que pongan un hombre: Ministerio de la Mujer).
En el Legislativo, el 91% de los senadores son hombres, lo mismo que el 72% de los diputados.
A nivel municipal el machismo también prevalece: el 88% de los alcaldes, el 92% de los directores de distritos municipales y el 68% de los regidores son hombres. Excepción solo tenemos en las vicealcaldías y subdirecciones distritales porque hay cuota de alternancia y es obligatorio colocar mujeres si las candidaturas principales son hombres.
Ante este tétrico panorama, que cuestiona por demás la calidad democrática, urge que desmontemos esta cultura y práctica electoralmente machista, porque hasta por un asunto básico-cuantitativo, las mujeres debemos tener más participación.
De modo que llegó la hora y a todas luces las cuotas son un buen comienzo. Ya después discutiremos sobre calidad de esa representación, cuestionamiento válido para mujeres y también para hombres.